No hay pecado tan grande, ni vicio tan apoderado que con el arrepentimiento no se borre o quite del todo.
Frases célebres sobre: pecado. [Página 7]
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Préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio.
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Muchas veces los más grandes pecadores, señor marqués, llegan a ser los santos más excelsos.
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Cuando mi error y tu vileza veo, contemplo, Silvio, de mi amor errado, cuán grave es la malicia del pecado, cuán violenta la fuerza de un deseo.
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Sepan los jóvenes que dado el gran número y variedad de pecados que por todas partes nos acechan, requiere más discreción y constancia evitar el mal, que mantenerse en el bien
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Dios no abandona a ninguno; quien a Él recurre con el corazón limpio del pecado y con la oración bien hecha, obtendrá todo lo que necesite
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Dios detesta el pecado y aborrece a quien lo comete, pero... su bondad y misericordia es sin límites
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Un consejo para ser feliz: evitar el pecado y frecuentar la Santa Comunión
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Mientras conserves la alegría, te alejarás del pecado
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Preferible es el pecado a la hipocresía.
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Siendo propiedad del Señor Jesucristo a gran precio adquirida, no debemos ser esclavos de Satanás ni de hombre, sino señores verdaderamente libres que no sirven al pecado sino al Señor Jesús
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El bueno odia el pecado por un amor innato a la virtud
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La verdad es que el heresiarca era semejante a todos los hombres, pus todos son a la vez pecadores y santos, cuando no son criminales y mártires.
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La mayoría de las personas prefieren confesar los pecados de los demás.
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Sólo cuando amamos el pecado estamos condenados irremediablemente.
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Lo único que he hecho es soltarme el pelo, ¡qué! ¿acaso es un pecado o un delito ser auténtica.
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El principio del pecado es la soberbia.
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Dos pecados capitales existen en el hombre, de los cuales se engendran todos los demás: impaciencia e indolencia. Fue a causa de la impaciencia que lo han expulsado del paraíso, al que no puede volver por culpa de la indolencia. Aunque quizá no existe más
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¿Por qué nos lamentamos a causa del pecado original? No fue por su culpa que se nos ha expulsado del paraíso terrenal, sino por causa del árbol de la vida con el objeto de que no comiésemos sus frutos
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Existe un límite a la fuerza que ni siquiera los más poderosos pueden aplicar sin destruirse a sí mismos. Juzgar este límite es el auténtico arte de gobernar. Usar mal este poder es un pecado fatal. La ley no puede ser un instrumento de venganza, nunca un