La primera condición para la inmortalidad es la muerte
Frases célebres sobre: pri. [Página 214]
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El primer requisito de la inmortalidad es la muerte.
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Entonces, por primera vez, tenía la sensación de hablar por mí mismo y por la época.
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El primer signo distintivo de ese arte es lo ilimitado, lo superlativo del mismo; un deseo de superación y un impulso hacia la inmensidad, que es adonde quiere llegar el demonio, porque allí está su elemento, el mundo de donde salió.
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Creo que la primera ley del siglo XIX impone a los que se meten a escribir, es la claridad.
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No veo más que una regla: ser claro. Procuro contar primero con verdad, segundo con claridad lo que pasa en un corazón.
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Primera muestra de una auténtica vocación política lo es, en todo tiempo, que un hombre renuncie desde el principio a exigir aquello que es inalcanzable para él.
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El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarle, se deber saber el valor que tiene primero.
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Los reyes son felices en muchas cosas, pero principalmente en esto: pueden decir y hacer lo que les parezca.
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Usted mismo en primer lugar, la empresa segunda
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No te des prisa en adquirir nuevos amigos, ni menos en dejar los que tengas.
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No tengas prisa en buscar nuevos amigos, pero una vez encontrados no tengas prisa en deshacerte de ellos
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Me gusta trabajar, y no porque yo sea presidente me voy a privar de ese placer
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Cuando té pasa algo traumático en tu vida, puedes tomar uno de dos caminos: Puedes deprimirte, o puedes decir, No me importa. Haré lo que quiero hacer.
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No hagas nada que sea vergonzoso, ni en presencia de nadie ni en secreto. Sea tu primera ley... respetarte a ti mismo.
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El saber es la parte principal de la felicidad.
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La honestidad intelectual es de primera importancia en el trabajo experimental.
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Algo muy importante para el principiante es comprender que si los resultados van a ser tratados estadísticamente, es necesario tener en cuenta la estadística al planear el experimento.
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El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado.
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Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de