Dictadura: Sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio.
Frases célebres sobre: pro. [Página 313]
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El hombre que cortésmente indica el camino al que se ha perdido, hace como si encendiera la lámpara de aquél con su propia lámpara; y aquélla brilla para él no menos que para aquél.
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Probablemente nada en el mundo suscita tantas falsas esperanzas como las primeras cuatro horas de un régimen dietético.
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Tenemos un pequeño problema y ese pequeño problema es que no hay dinero
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La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos
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El plagio es necesario. Está implícito en el progreso
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La moda es como la arquitectura: se trata de una cuestión de proporciones
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El buen gusto estropea ciertos valores espirituales auténticos: como el propio gusto
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Proteger el trabajo es enjugar lágrimas, consolar dolores, arrancar víctimas al vicio, al crimen y a la muerte
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Sustituir el amor propio con el amor de los demás, es cambiar un insufrible tirano por un buen amigo.
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La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano.
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Se dicen cosas sólidas cuando no se procura decir con ellas cosas extraordinarias.
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Vuestro espíritu es arrastrado continuamente fuera de sus casillas y, sorprendido en la trampa de las tinieblas, construido con arte grosero por el egoísmo y el amor propio.
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No me quejaré. He recibido la vida como una herida y he prohibido al suicidio que cure la cicatriz. Quiero que el Creador contemple, en cada hora de su eternidad, la grieta abierta. Es el castigo que le inflijo.
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Los grandes proyectos se estiman cuando uno se siente capaz de grandes éxitos.
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El hombre contrae matrimonio con una dote, la mujer con una profesión.
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El rostro de una mujer debe estar acuñado por su propia historia.
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La fortuna material es asociada con las propiedades del cuerpo, por lo que el honor pertenece a las propiedades del alma.
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Cuando uno examina su propia interioridad y comprueba que no hay en ella nada malo, ¿por qué habría de ser triste, qué tiene que temer?
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Cuando empecé a tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en que sus acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres, escucho sus palabras y al propio tiempo observo sus acciones.