La queja trae descrédito.
Frases célebres sobre: queja. [Página 3]
Hay un total de 133 freses célebres sobre "queja" este sitio web. [Página 3]
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La filosofía del vagabundo se apoya en la no necesidad de nada y el buen talante de aceptarla sin queja alguna.
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No hay conversación más tediosa que la de un amante que no desea ni se queja de nada.
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No tenía motivos para quejarse, sino para dar gracias a Dios, que con sus palabras tranquilizaba su corazón y con su misericordia dirigía el camino de su vida.
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Es intrínseco al carácter francés el exagerar, el quejarse y tergiversar los hechos cuando se está descontento.
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Al alcance de mis labios pones la copa de hiel, y con dulzura divina me convidas a beber. Sí, Bien mío, sin quejarme por tu amor la beberé, aunque con llanto en los ojos, y aunque la beba sin sed.
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Quejarse es el pasatiempo de los incapaces.
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Empieza a sobrarme un poco de pasado -se queja Luder-. Ya no sé dónde meterlo ni qué hacer con el. Eso quiere decir que me estoy volviendo viejo.
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Bajo la madreselva que en la reja filtró su encaje de verdor maduro, me perturbaba en el claroscuro de la ilusión, en la glorieta añeja...Cristalizaba un pájaro su queja...
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Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas? Si no lo tiene ¿por qué te quejas?
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El hombre prudente sabe prevenir el mal, el hombre valeroso lo soporta sin quejarse.
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Si te quejas de que te traiciono, búscame enemigos a los que pueda odiar.
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Nos quejamos porque creen ver en nosotros defectos que no existen y olvidamos que no ven una infinidad de defectos que realmente tenemos.
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No hay que confundir la soledad con la falta de compañía. La primera la padezco como viudo fiel que he sido, pero no la segunda. Mi familia y mis amigos se desviven por atenderme. ¿Puedo quejarme yo de soledad?
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El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa.
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Mi familia y amigos se desviven por atenderme, me abastecen de la compañía que necesito. ¿Puedo quejarme yo de soledad?
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El nunca pierde la paciencia, ni duda, ni se queja; siempre tiene esperanza, trabaja y espera tan alegremente, que uno se avergüenza de conducirse de otra manera delante de él. Ayudándome y confortándome, me demostró que yo tenía que practicar todas las v
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Cómo decir, amor, en qué momento te rompes dulcemente entre las manos, sin quejas, sin recuerdos, sin arcanos y tal vez sin temor ni sufrimiento.
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Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste de los principales monumentos de la ciudad.
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¿Quién podrá quejarse de que tiene pocos oyentes si el Creador del género humano se conformó con doce hombres?