El que no sabe gozar de la aventura cuando le viene, no se debe quejar si se le pasa.
Frases célebres sobre: quejar.
Hay un total de 44 freses célebres sobre "quejar" este sitio web.
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Quejarse de que la economía libre favorece a los ricos es como quejarse de que la libertad de expresión favorece a los elocuentes.
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Ninguno de nosotros puede quejarse de su muerte, pues quien se ha unido a nosotros se ha puesto la camisa de Neso. El valor de la conciencia de un hombre se establece sólo a partir del momento en el que está dispuesto a dar su vida defendiendo sus convicc
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No vinimos a quejarnos vinimos a trabajar por la patria*
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Es un gesto muy generoso que yo agradezco profundamente pero que a estas alturas ya no va a cambiar nada, yo voy a seguir igual, escribiendo, solo que con la vida un poco más complicada, claro; pero en fin, tampoco me voy a quejar,porque sería un mentiros
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No se ha llegado al colmo del dolor cuando se tiene aún fuerza para quejarse.
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No tenía motivos para quejarse, sino para dar gracias a Dios, que con sus palabras tranquilizaba su corazón y con su misericordia dirigía el camino de su vida.
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Es intrínseco al carácter francés el exagerar, el quejarse y tergiversar los hechos cuando se está descontento.
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Al alcance de mis labios pones la copa de hiel, y con dulzura divina me convidas a beber. Sí, Bien mío, sin quejarme por tu amor la beberé, aunque con llanto en los ojos, y aunque la beba sin sed.
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Quejarse es el pasatiempo de los incapaces.
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El hombre prudente sabe prevenir el mal, el hombre valeroso lo soporta sin quejarse.
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No hay que confundir la soledad con la falta de compañía. La primera la padezco como viudo fiel que he sido, pero no la segunda. Mi familia y mis amigos se desviven por atenderme. ¿Puedo quejarme yo de soledad?
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El que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa.
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Mi familia y amigos se desviven por atenderme, me abastecen de la compañía que necesito. ¿Puedo quejarme yo de soledad?
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Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste de los principales monumentos de la ciudad.
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¿Quién podrá quejarse de que tiene pocos oyentes si el Creador del género humano se conformó con doce hombres?
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El hombre sobrelleva el infortunio sin quejarse, y por eso le hace sufrir más.
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Si no tuviéramos orgullo no nos quejaríamos del de los demás.
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Una vez llegada la desgracia, de nada sirve quejarse.
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No me quejaré. He recibido la vida como una herida y he prohibido al suicidio que cure la cicatriz. Quiero que el Creador contemple, en cada hora de su eternidad, la grieta abierta. Es el castigo que le inflijo.