Todo nuestro conocimiento arranca del sentido, pasa al entendimiento y termina en la razón.
Frases célebres sobre: razón. [Página 106]
Hay un total de 2884 freses célebres sobre "razón" este sitio web. [Página 106]
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El disfrute del poder corrompe de manera inevitable el juicio de la razón y pervierte su libertad.
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La felicidad no brota de la razón sino de la imaginación
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El anarquista que pretende mejorar el mundo es un fenómeno que carece en absoluto de sentido. Lo más grotesco de él es su frecuente pretensión de tener razón, mientras el universo está equivocado
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El corazón pena por la caducidad y se entrega a ella sin rebeldía, pero el espíritu la enfrenta con sus armas y trata de vencerla una y otra vez.
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Tienes razón al decir que poco importan las opiniones.
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La desesperación es el resultado de pretender tomarse en serio la vida con todas sus bondades, la justicia y la razón, y de cumplir con sus exigencias
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El castigo entra en el corazón del hombre desde el momento en que comete el crimen.
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El amor no puede soportar la indiferencia. Es necesario ser querido. Como una lámpara, que necesita ser alimentado por el petróleo del otro corazón.
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Desde el instante en que el hombre comete un crimen, entra el castigo en su corazón.
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De todas las músicas que conducen al cielo, la de un corazón enamorado es la que llega más rápido.
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El corazón de la madre es el aula del niño.
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Y tengo, para consuelo mío, dos extrañas flores blancas -encogidas ahora, ennegrecidas, aplastadas y frágiles- para atestiguar que aun cuando la inteligencia y la fuerza habían desaparecido, la gratitud y una mutua ternura aún se alojaban en el corazón de
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El niño se alimenta los primeros años del pecho de la madre, pero de su corazón toda la vida.
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No es raro que el hombre a quien contradicen de una manera insólita e irrazonable bruscamente descrea de su convicción más elemental. Empieza a vislumbrar vagamente que, por extraordinario que parezca, toda la justicia y toda la razón están del otro lado;
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Proferí entonces una exclamación de alegría y lo estreché con más fuerza contra mi cuerpo, donde pude sentir, en la fiebre repentina que hizo presa de su cuerpo, los acelerados latidos de un pequeño corazón.
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Lo cogí, sí, y es fácil imaginar con qué pasión; pero al cabo de un minuto comencé a darme cuenta de lo que en realidad tenía entre mis brazos. Estábamos solos, el día era apacible, y su pequeño corazón, desposeído, había dejado de latir.
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No esperemos a ser buenos y cordiales. Apresurémonos ya desde ahora a alegrar el corazón de nuestros compañeros durante la corta travesía de la vida
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La mayoría nunca tiene razón.
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¡Ah! Nunca es demasiado tarde, sólo hasta que cansado, el corazón deje de palpitar.