Siempre he creído que el artista trabaja en un ambiente de angustia y desvelo, pero no pierde su sonrisa y simpatía, porque al fin y al cabo es el dueño de un tiempo que no se mide con el reloj.
Frases célebres sobre: reloj. [Página 5]
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El reloj del comunismo ha dejado de funcionar. Sin embargo, su construcción concreta aún no ha llegado a caer. Por esa razón, en lugar de liberarnos a nosotros mismos, debemos tratar de salvarnos de ser aplastados por sus escombros
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En el campo hace falta agitarse para saber la hora; el estómago es nuestro mejor reloj.
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Si hubiera previsto las consecuencias, me hubiera hecho relojero.
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En mi reloj de arena el tiempo es algo relativo
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No hay reloj que de vuelta hacia atrás
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Nada será que no haya sido antes. Nada será para no ser mañana. Eternidad son todos los instantes, que mide el grano que el reloj desgrana.
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El reloj es una bomba de tiempo, de más o menos tiempo.
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El reloj no existe en las horas felices.
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Cuando el segundo reloj del trayecto marca la misma hora que el reloj que vimos antes, nos hemos ahorrado el trayecto.
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Ver pasar el tiempo en un reloj de arena es como beber una copa de desierto
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Aquel tipo tenía un tic, pero le faltaba un tac: por eso no era un reloj.
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El mundo me desasosiega, y no puedo concebir que este reloj exista sin relojero.
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No hay que dejar que el reloj y el calendario nos impidan ver que cada momento de la vida es un milagro.
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Los dos somos relojes y sólo contamos en el tiempo, el filo aguzado de la manecilla presiona contra el porvenir.
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...Un panel de control, reloj, reversi!
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¿Resignarse entonces a la idea de ser un reloj que mide el transcurso del tiempo, ya descompuesto, ya reparado, y cuyo mecanismo tan pronto como el constructor lo pone en marcha, engendra desesperación y amor?
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Una persona perezosa es un reloj sin agujas, siendo inútil tanto si anda como si está parado.
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Es para mí una alegría oír sonar el reloj: veo transcurrida una hora de mi vida y me creo un poco más cerca de Dios.
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La cena era picadillo de cordero y pan con mantequilla; como podrán imaginar, con el hambre que tenía enseguida di buena cuenta del refrigerio. Mientras comía, se oyeron las lentas campanadas del reloj que yo había oído antes, dando las nueve y media.