Sólo se es verdaderamente feliz cuando se sueña con la felicidad.
Frases célebres sobre: sue. [Página 112]
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Verse a sí mismo suele ser un buen estímulo del sentido del humor.
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Créame que estoy agradecido por los sufrimientos que me deparó la suerte. Es lo que muchos no pueden comprender. Nada contribuyó tanto a hacerme artista, a permitirme imponer mi personalidad, a sustraerla de todos los desvíos capaces de debilitarla...
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La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
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En caso que por razón del nacimiento contraigamos alguna obligación a la patria particular o suelo que nos sirvió de cuna, esta deuda es inferior a otras cualesquiera obligaciones cristianas o políticas.
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Que cada cual siga su inclinación, pues las inclinaciones suelen ser rayas o vías trazadas por un dedo muy alto, y nadie, por mucho que sepa sabe más que el destino.
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Los defectos del gran hombre son el consuelo de los necios.
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Un padre es un tesoro, un hermano es un consuelo: un amigo es ambos.
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Resuélvete a hacer lo que debes, y haz sin falta lo que hayas resuelto.
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Se acostó en su cama, y se durmió tranquilamente, con el sueño no del justo sino del egoísta.
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El liderazgo es un compromiso con una idea, un sueño, y una visión de lo que puede ser. Y mi sueño es que mi tierra y mi pueblo pongan fin a los combates y permitir a nuestros niños alcanzar su máximo potencial, independientemente de su sexo, condición, o
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Habito en un genoma más allá de la puerta de mis dedos. ¿O soy yo el infinito de lo pequeño inabarcable, la mariposa que sueña que es un poeta chino? Y que ahora expresa este deseo: que la vida me diga lo que ha vivido en mí.
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¿Quién nos está soñando, quién nos sueña? ¿Quién impulsa los músculos del alma?
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Hoy te diré un secreto: que mi mayor verdad está en mis sueños.
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La vida con sus crías otras veces tiene cara de espejo: nada y todo. Tiene cara también de estar soñando un sueño más profundo que un agujero negro.
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Es triste pensar que la juventud nos fue dada inútilmente, que a todas horas la hemos traicionado, que ella nos engañó, que nuestros mejores deseos y nuestros sueños sagrados pasaron en rápido giro, cual hojas en el otoño desolado.
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Perder, como de costumbre. He de admitir que no tengo suerte: juego sin subir las apuestas, nunca me acaloro, no hay modo de sacarme de quicio, ¡Y de todos modos sigo perdiendo!
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Acepto todo lo que hubo. Nunca busqué mejor suerte. ¡Acaso hay algo mejor que haber amado!
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Y lo imposible es posible; el camino largo es fácil, cuando brilla a lo lejos la mirada fugaz bajo el pañuelo, cuando resuena con honda tristeza el canto sordo del cochero.
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¡Ay, durante mucho tiempo yo no pude olvidar dos piernecitas! Triste y desencantado, todavía me acuerdo de ellas y en sueños me perturban el corazón. ¿Cuándo y dónde, en qué desierto las olvidarás, insensato? ¡Ay, piernecitas, piernecitas! ¿Dónde estáis a