Las mujeres necesitamos la belleza para que los hombres nos amen, y la estupidez para que nosotras amemos a los hombres.
Frases célebres sobre: tam. [Página 157]
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Y si miro hacia la sombra donde la luz se deshace, temo también deshacerme y entre la sombra quedarme confundida para siempre.
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La poesía no es la tempestad, tampoco el ciclón. Es un río majestuoso y fértil.
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Quien tiene la íntima substancia, también tiene las palabras; quien tiene palabras, no siempre tiene también la íntima substancia.
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Si no estamos en paz con nosotros mismos, no podemos guiar a otros en la búsqueda de la paz.
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El noble no da crédito a las palabras por la sola autoridad de quien las pronuncia; tampoco rechaza la verdad aunque provenga de una persona ignorante.
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Cuando el gobernante mismo obra rectamente, ejercerá influencia sobre el pueblo sin dar órdenes, y cuando el gobernante mismo no obra rectamente, todas sus órdenes serán inútiles.
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La televisión es el primer sistema verdaderamente democrático, el primero accesible para todo el mundo y completamente gobernado por lo que quiere la gente. Lo terrible es, precisamente, lo que quiere la gente.
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Me interesa que las obras transmitan algún mensaje. También me importa el espacio y la alegría de vivir de las cosas. Después el estilo va cambiando pero se reconoce lo que uno hace aunque sea distinto porque la mano es la misma.
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Los hombres se distinguen menos por sus cualidades naturales que por la cultura que ellos mismos se proporcionan. Los únicos que no cambian son los sabios de primer orden y los completamente idiotas.
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Quiero tener el cielo desnudo entre las manos: deshacer lentamente el color de las cosas, el germen del dolor.
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También yo mataría, incluso a ti: me haces soñar sin tregua, no me dejas dormir.
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No debes quejarte de la nieve en el tejado de tu vecino cuando también cubre el umbral de tu casa.
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No te quejes de la nieve en el tejado del vecino cuando también cubre el umbral de tu casa
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Los hombres sabios nos han enseñado que no sólo hay que elegir entre los males el menor, sino también sacar de ellos todo el bien que puedan contener.
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Somos más sinceros cuando estamos iracundos que cuando estamos tranquilos
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Esperaré paciente, acechando, como un perro, el momento. O me iré por la selva de tus versos abriéndome camino lentamente por ocultos senderos, por pequeños resquicios que has dejado entreabiertos.
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El médico competente, antes de dar una medicina a su paciente, se familiariza no sólo con la enfermedad que desea curar, sino también con lo hábitos y la constitución del enfermo.
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Sólo mucho después iba a comprender que estar también es dar.
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¿En qué país estamos?