Cualquiera puede contar algún tipo de historia; la narración es uno de los poderes elementales de la raza. Pero el talento para la descripción es raro.
Frases célebres sobre: tar. [Página 23]
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Si somos libres en el corazón, no habrá cadenas hechas por el hombre con fuerza suficiente para sujetarnos.
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No me gusta nada la idea de morir. Si pudiera vivir quinientos años aceptaría y pediría: ¿No puede darme unos más?
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¡La imaginación de la vejez para inventar fealdades!
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El profesor odiaba a la gente que dormía hasta tarde, pero no quería despertar a Valeria
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La vida es difícil. Para estar en paz con uno mismo hay que decir la verdad. Para estar en paz con el prójimo hay que mentir.
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Aquí trabajo muchísimo y para estar en un hotel, mejor en un apartamento o una casa.
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En la escuela me enamoré por primera vez. Es algo bonito pero es un sufrimiento. Sientes que te da vergüenza, miedo, alegría. Por lo menos, en esa época, yo sentía eso. Fui correspondido mi primera vez, pero mas tarde. ¡Como sufrí esa vez!
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Ahora, también te voy a decir una cosa, estoy muy agradecido porque nunca pensé poder defender mis canciones en el exterior, como artista internacional, y que disfrutaría el camino de una manera tan alegre, como la estoy disfrutando hoy en día. No me lo i
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Cuando alguien dice estar de acuerdo, en principio, en hacer algo, quiere decir que no tiene la menor intención de hacerlo.
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La política no debe tratar de vengar el mal realizado, sino de cuidar que no se reproduzca.
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Cuando me despierto tengo que recrear el universo, y lo mato por la tarde.
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Filosofar significa intentar responder a través de medios supermaduros a preguntas que preocupan a los niños.
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Quizás ver al presente en colores más oscuros de lo que tiene realmente es un deber; porque de ésta visión puede brotar una lucha con más determinación para mejorar las cosas.
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El reloj cuenta las horas de la necesidad, pero ningún reloj puede contar las horas de la sabiduría.
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Está pronto a decir siempre tu opinión, y el ruin te evitará.
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Estad siempre dispuestos a hablar con franqueza y evitaréis la compañía de los hombres ruines.
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Para la abeja laboriosa no hay tiempo de estar triste.
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Piensa por la mañana, obra al mediodía, come por la tarde y duerme por la noche.
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Recuerdo que, a la muerte de Pío XII, nos decíamos: ¿quién podría alcanzar sus cotas de sublimidad y trascendencia? Entonces vino Juan XXIII, un anciano regordete y bajito que al sentarse mostraba los pantalones debajo de las vestiduras sagradas. ¡Y ese h