Si las mujeres se vistieran para los hombres, las tiendas no venderían demasiado. A lo sumo un par de anteojos de sol cada tanto tiempo.
Frases célebres sobre: tie. [Página 288]
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No hable usted tan alto que se le entiende todo.
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En los estanques y en las charcas, Cuánto tiempo vivís, ¡Ah carpas! ¿Acaso la muerte os olvida, peces de la melancolía?
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Reconócete esta adorable persona eres tú debajo de un gran sombrero Canotier ojos nariz boca este es el óvalo de tu rostro tu exquisito cuello por fin, también la imagen de tu busto adorado visto como a través de una nube. Lo que bate, un poco más abajo,
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Hoy no tengo tiempo para almorzar. Tráigame directamente la cuenta.
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Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años!
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Es una tontería mirar debajo de la cama. Si tu mujer tiene una visita, lo más probable es que la esconda en el armario. Conozco a un hombre que se encontró con tanta gente en el armario que tuvo que divorciarse únicamente para conseguir donde colgar la ro
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La humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria.
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El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho.
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Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.
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Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria.
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- ¿Y sí alzamos los impuestos? - ¿Y sí alzamos la alfombra? - ¡Insisto en que tenemos que alzar los impuestos! - Tiene razón tenemos que alzar los impuestos para poder pagar la alfombra.
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La fotografía es la forma de arte de los que no tienen suficiente talento.
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Ser perfecto para televisión es todo lo que un presidente tiene que ser estos días.
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El tiempo se dobla sobre sí mismo. Irrumpe la mañana. Ahora me detendré, pues es de día.
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Días que se queman lentamente, conjuro antiguo, encantamiento, los dioses sostienen la balanza durante una hora titubeante.
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El que sabe mucho, tiene muchas preocupaciones.
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La risa nos mantiene más razonables que el enojo
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Una historia no tiene principio ni fin: uno elige arbitrariamente ese momento desde el que mirar hacia atrás o desde el que mirar hacia adelante.
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¿De qué tiene miedo? Aquí solamente estamos nosotros, el viento y los perros. La lista de los testimonios tranquilizadores no era, a decir verdad, muy feliz: el viento es parlanchín por definición, y el príncipe era a medias siciliano. De absoluta confian