La piel, mi piel, los vientos han preguntado tanto en las orillas, tanto se han estrellado por ciudades y pechos, que no conocen patrias ni las cantan, no recuerdan naciones, sólo pueblos.
Frases célebres sobre: viento. [Página 7]
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En el sur tan distante quiero estar confundido. La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta; Su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
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Los gobiernos son velas; el pueblo, el viento; el Estado, la nave, y el tiempo, el mar.
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Entre el mar -a donde nunca fui- y el viento que corre desnudo en las montañas, emplumado de palabras invento mi camino.
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Y hoy que enloquecido vuelvo buscando tu querer, no queda más que el viento, no queda más que el viento...
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El viento ululaba entre las ramas de los árboles, y ya se sabe que en el mundo no hay música más dulce que la del viento sonando en las copas de los pinos al atardecer.
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No había trinos de aves ni susurro de arroyos ni chismes de ardillas. Pero el viento tocaba una música ocasional que suplía en calidad lo que le faltaba en cantidad.
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Aproveché que estaba libre de servicio para casarme, no fuera que malos vientos se me llevaran a la novia en otra dirección.
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Fabricaré en mi sombro la alborada, la lira guardaré del vano viento, buscaré en mis entrañas mi sustento.
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Toda la noche amotina las olas el viento en cólera y los pinos chorrean húmeda luz de luna.
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A la intemperie, se va infiltrando el viento hasta mi alma.
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Mariposas que nunca serán llevados por el viento otoñal los tristes gusanos de la mostaza.
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Corazón blanqueado por la lluvia. Carcaza golpeada por el viento.
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A cada soplo del viento la mariposa cambia de lugar en el sauce.
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Más blanco que las piedras de la montaña rocosa el viento de otoño.
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Desolación invernal en un mundo de tono uniforme el ruido del viento.
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Viento de otoño, tan fugaz como tú se fue mi amor.
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Llegó la primavera un camino pequeño donde incluso el sonido del viento no puede ser oído.
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Nuestros barcos eran, ciertamente, juguete de los vientos y las olas, del mismo modo que Gulliver lo era de los gigantes brobdinagianos, pero nosotros, en nuestra estable morada, quedábamos a salvo de las heridas de aquella naturaleza en erupción.
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Inglaterra, alzada en medio del turbulento océano, muy al norte, visita ahora mis sueños adoptando la forma de un buque inmenso, bien comandado, que dominaba los vientos y navegaba orgulloso sobre las olas.