¡Oh, sí, mujer angélical...! ¡Quiero vivir... vivir para tí!
Frases célebres de Johann Wolfgang von Goethe. [Página 10]
Johann Wolfgang von Goethe era un escritor, filósofo, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán. Autor de obras tales como "Fausto", "Werther", "Viaje a Italia"; y protagonista de las "Conversaciones con Goethe", de Eckermann, su secretario en sus
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¿Conoces el país donde florecen los limoneros?
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Hay en el objeto algo de ley ignorada que corresponde a la ley ignorada en el sujeto.
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Vivir en el corazón de aquellos que hemos dejado es no morir.
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El ajedrez es prueba de inteligencia.
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Los ingleses nos cubrirán de vergüenza con su puro sentido común y su buena voluntad; los franceses, con su ingeniosa perspicacia y su sentido práctico.
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Los alemanes, y no sólo ellos, poseen el don de hacer inaccesibles las ciencias. Nada alegraba tanto a los alemanes de los viejos tiempos como el hecho de que nadie tuviera que obedecer a nadie.
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Esa rápida alternancia de broma y seriedad, de interés e indiferencia, de pesar y alegría parece ser un rasgo típico del carácter irlandés.
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Cuando un hombre de letras alemán deseaba antiguamente dominar a su nación, le bastaba con hacerle creer que había alguien dispuesto a dominarla. Al punto quedaban todos tan intimidados que se dejaban dominar con gusto por quien fuese.
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La afición de los alemanes por lo impreciso en las artes proviene de su proclividad a la chapucería; pues quien hace chapuzas no puede aprobar el esmero, ya que si no él mismo no sería nada.
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Los matemáticos son un poco como los franceses: cuando se les dice algo, lo traducen a su lengua y al punto pasa a ser otra cosa.
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Nada revela tan a las claras el carácter de los hombres como aquello que encuentran ridículo.
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El hombre dado a lo sensible se rie a menudo cuando no hay de qué reírse. Su bienestar interior sale a relucir sea cual sea el móvil que lo estimule.
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Los más grandes hombres están siempre ligados a su siglo por alguna flaqueza.
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Siempre resta a cada uno suficiente fuerza para alcanzar aquello de que está convencido.
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El genio, ese poder que deslumbra a los ojos humanos, no es a menudo otra cosa que perseverancia bien disfrazada.
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El público siempre está equivocado en el detalle, pero nunca en el conjunto.
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No puede decirse que lo razonable sea siempre bello; pero lo bello es siempre razonable.
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Cierto que en el mundo de los hombres nada hay necesario fuera del amor.
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La mejor lección es la que nos enseña a dominarnos.