Si pinto a mi perro exactamente igual, evidentemente tendré dos perros pero no una obra de arte
Frases célebres de Johann Wolfgang von Goethe. [Página 2]
Johann Wolfgang von Goethe era un escritor, filósofo, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán. Autor de obras tales como "Fausto", "Werther", "Viaje a Italia"; y protagonista de las "Conversaciones con Goethe", de Eckermann, su secretario en sus
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El ojo era el principal órgano con que yo aprendía del mundo.
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El genio es una reunión de fuerzas de la naturaleza.
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Lo importante no es hacer cosas nuevas sino hacerlas como si nunca nadie las hubiera hecho antes.
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La Biblia se vuelve más y más bella en la medida en que uno la comprende.”
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El hombre más feliz del mundo es aquel que sepa reconocer los méritos de los demás y pueda alegrarse del bien ajeno como si fuera propio.
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A veces nuestro destino se asemeja a un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será.
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Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser.
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El mal está sólo en tu mente y no en lo externo. La mente pura siempre ve solamente lo bueno en cada cosa, pero la mala se encarga de inventar el mal.
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El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.
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Lo más importante en este mundo, no es saber donde estás, sino hacia donde vas.
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Una vida sin propósito es una muerte prematura.
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Actuar es fácil, pensar es difícil; actuar según se piensa es aún más difícil.
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El hombre feliz es aquel que siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar.
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Una mujer y un vaso de vino curan todo mal, y el que no bebe y no besa está peor que muerto.
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Quien no conoce las lenguas extranjeras nada sabe de la suya propia.
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Dinero perdido, pérdida ligera; honor perdido, pérdida considerable; coraje perdido, pérdida irreparable.
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La vejez no nos vuelve infantiles, como dicen, sino que nos encuentra todavía cual verdaderos niños.
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El hombre que piensa yerra particularmente cuando pregunta por la causa y el efecto: ambos juntos forman el fenómeno indivisible. Quien sabe reconocer esto se halla en el buen camino hacia la acción, el actuar.
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No nos preguntamos qué derecho a gobernar tenemos: gobernamos. No nos preocupa saber si el pueblo tiene algún derecho al derrocarnos: procuramos tan sólo que no se sienta tentado a hacerlo.