Nadie concede a los demás el derecho a equivocarse.
Frases célebres de Johann Wolfgang von Goethe. [Página 13]
Johann Wolfgang von Goethe era un escritor, filósofo, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán. Autor de obras tales como "Fausto", "Werther", "Viaje a Italia"; y protagonista de las "Conversaciones con Goethe", de Eckermann, su secretario en sus
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El día afortunado es como un día de cosecha; en cuanto el trigo está en sazón, hay que apresurarse a recogerlo.
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¿Qué es el hombre, ése semidios ensalzado? ¿No le falta la fuerza cuando más la necesita? Y cuando abre las alas en el cielo de los placeres, lo mismo que cuando se sumerge en la desesperación, ¿no se ve siempre detenido y condenado a convencerse de que e
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La vida y el destino del hombre dependen de un momento y el acierto no es deliberar mucho tiempo, la decisión es cuestión de un instante y se expone uno a embotar el tacto del sentimiento al entregarse a consideraciones que sobran.
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Verdaderamante, las chicas tienen no poco interés en que uno sea devoto y sencillo a la vieja usanza. Si a esto se allana, piensan ellas, también nos obedecerá de igual modo a nosotras.
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Por grande que sea, llena de esto tu corazón, y cuando, penetrada de tal sentimiento, seas feliz, nómbralo entonces como quieras, llámale Felicidad, Corazón, Amor, Dios. Para ello no tengo nombre; el sentimiento es todo. El nombre no es más que ruido y hu
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Amor mío, ¿quién osaría decir: Creo en Dios ? Puedes preguntar a sacerdotes y sabios, y su respuesta no parecerá sino una burla dirigida al preguntador.
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Si nos encontramos a alguien que nos debe agradecimiento, enseguida lo recordarnos. ¡Cuántas veces nos encontramos con alguien al que debemos agradecimiento y no pensamos en ello.
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Yo soy el espíritu que siempre niega.
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Le diría al instante. ¡Permanece, eres tan hermoso!
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Lo que no habéis heredado de vuestros padres, volverlo a ganar a pulso o no será vuestro.
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Cuando uno es viejo tiene que hacer más que cuando es joven.
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Beneficiadme con vuestra convicciones, si es que las tenéis; pero guardaros vuestras dudas, pues me bastan las mías.
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Al fin y a la postre el hombre no debe contar sino consigo mismo.
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No nos hacemos libres por negarnos a aceptar nada superior a nosostros, sino por aceptar lo que está realmente por encima de nostros.
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¡También las reglas destruyen el verdadero sentimiento de la naturaleza y la auténtica expresión!
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Si los hombres, una vez que han llegado a la verdad, no volviesen a retorcerla, me daría por satisfecho.
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... algunos casquivanos o majaderos se divierten y complacen en fingir familiaridad con el vulgo para hacerle sentir después su desprecio de manera asertiva.
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... toda regla, todo precepto, es una especie de traba que sofocará el sentimiento real de la naturaleza, hará estéril el verdadero genio y le quitará su verdadera expresión.
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¿Y quién es el primero? Yo creo que aquél cuyo ingenio controla al de los demás y por su carácter y destreza transforma las fuerzas y pasiones ajenas en artífices de sus deseos.