Hay muchas cosas que no quiero saber. La sabiduría marca límites hasta al conocimiento.
Frases célebres de Nietzsche. [Página 3]
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Comprendo mi destino –se dijo al fin con tristeza-. ¡Muy bien¡!Estoy preparado¡ Acaba de comenzar mi soledad última.
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En toda espiritualidad independiente, en toda voluntad autónoma, en toda inteligencia elevada, se presiente un peligro, por ello ofende y engendra desconfianza.
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Para poder superarse a sí misma la humanidad tiene que sustituir la moral por la veracidad, tiene que transvalorar los valores establecidos, asimilar los propios errores.
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Las convicciones son más peligrosos enemigos de la verdad que las mentiras.
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Para el puerco todo es porquería.
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La tierra tiene una piel, y esa piel tiene enfermedades. Una de esas enfermedades se llama hombre.
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Las mentes más profundas de todos los tiempos han sentido compasión por los animales.
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No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida.
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El que no tiene dos terceras partes de su jornada para sí mismo es un esclavo, sea lo que sea, político, comerciante, funcionario o erudito
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A ti te odio más, pues atraes pero no eres lo suficientemente fuerte como para retenerme junto a ti.
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El demonio de la cobardía que quisiera cruzarse de brazos y llevar una vida más fácil te susurra: Dios existe.
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Sólo puede ser intrépido quien conoce el miedo pero lo supera; quien ve el abismo con orgullo. Quien ve el abismo con ojos de águila; quien con garras de águila se aferra al abismo; ése tiene valor.
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El cristianismo se basa en la mentira de que el hombre no puede saber por sí mismo lo que es el bien y el mal
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La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura.
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La mujer es el reposo del guerrero
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Quien no pueda mandarse a sí mismo debe obedecer.
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Un cansancio ansioso de alcanzar de un salto, de un salto mortal, la meta ultima, un pobre cansancio ignorante que ya no quería ni siquiera querer.
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La crueldad es a menudo el signo de una insatisfacción interior que anhela un narcótico; y también lo es una cierta desconsideración cruel del pensamiento.
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Entre los hombres como en cualquier otra especie animal hay un exceso de enfermos, de degenerados, de débiles, de dolientes; los sanos constituyen una excepción.