Mi corona está en el corazón, no en mi cabeza.
Frases célebres de William Shakespeare. [Página 6]
William Shakespeare fue un poeta, dramaturgo y actor inglés.
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Aquel a quien le gusta que le adulen es digno del adulador.
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La belleza, sin necesidad de valedores, persuade por sí misma los ojos de los hombres.
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La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo.
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Lamentar un infortunio pasado, y que no existe, es la más segura vía de crearse otro infortunio.
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La vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de sonido y furia que nada significa
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No hay legado más valioso que la honradez.
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Ningún minuto de nuestra existencia debiera pasarse sin algún placer.
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Morir, dormir, tal vez soñar- ¡Ay! Ahí está el problema, pues lo que podemos soñar después de despojarnos de esta envoltura carnal debe hacernos reflexionar.
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Si pudiera exaltar tus bellos ojos y en frescos versos detallar sus gracias, diría el porvenir: Miente el poeta, rasgos divinos son, no terrenales.
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Ser o no ser. Esa es la pregunta.
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No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace aparecer así.
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En la amistad y en el amor se es más feliz con la ignorancia que con el saber.
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Los males desesperados se alivian con remedios desesperados, o no tienen alivio.
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La miseria depara al hombre extraños compañeros de cama. La tempestad.
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Los puñales, cuando no están en la mano, pueden estar en las palabras.
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Más vale ser despreciado y saberlo, que vivir adulado y tenido siempre en desprecio.
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Nuestras dudas son traidores que muchas veces nos hacen perder el bien que podríamos ganar si no temiéramos buscarlo.
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Todos aman la vida, pero el hombre valiente y honrado aprecia más el honor.
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No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí mismo su propio camino.