Callad, amantes, y ocupad el labio con el beso. No pronunciéis palabras vanas mientras se busca vuestro corazón en otro pecho, jadeante y pobre como el vuestro, ya al filo de la aurora
Frases célebres sobre: aman. [Página 23]
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De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad, una mitad es envidia, y la otra no es caridad.
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En la corte es llegada a tanto la locura, que no llaman buen cortesano sino al que está muy adeudado.
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Los que no aman a sus semejantes tienen una vida estéril.
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Serena la luna alumbra en el cielo, domina en el suelo profunda quietud; ni voces se escuchan, ni ronco ladrido, ni tierno quejido de amante laúd.
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Tal vez, no hayas existido nunca y seas sólo un sueño luminoso de mi espíritu; pero tú eres un sueño más real que eso que los hombres llaman Realidad. Lo que ellos llaman así, es sólo una máscara oscura tras de la cual se asoman y miran los ojos de sombra
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Era un poeta de la luz. Pasaba las horas mirando una copa de árbol, un río, un rostro, una calle y sentía el placer imborrable de quien sueña con un hombre y una mujer y amanece en la vida.
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Y los amantes saben, que sin querer siquiera hay un amor que crece como una enredadera.
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Y si en la noche hay algo queriendo amanecer es simplemente un hombre que besa a una mujer.
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Bien saben los amantes que hay caricias que son no una simple caricia sino una posesión.
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Te quiero así inocente, toda ajena, palpitante en lo que está fuera de ti, tus ojos proclamando las vívidas verdades de colores de la noche.
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La política hace extraños amantes.
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El silencio es retórica de amantes.
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En amor todo ha terminado desde el día en que uno de los dos amantes piensa que sería posible una ruptura
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Encantadora mía, ten dulzura, dulzura... Calma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional; la amante, a veces, debe tener una hora pura y amarnos con un suave cariño fraternal.
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Pon tu frente sobre mi frente y tu mano en mi mano. Y hazme los juramentos que romperás mañana. Y lloremos hasta que amanezca, mi pequeña fogosa.
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Mi ojo asciende al sexo de la amada: nos miramos, nos decimos palabras oscuras, nos amamos como se aman amapola y memoria, nos dormimos como el vino en los cuencos, como el mar en el rayo sangriento de la luna.
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A no ser por la mirada de sus ojos, feroces por naturaleza, y por su corpulencia de criminal, hubiera creído tener ante mí a uno de esos trabajadores del puerto que se llaman vagoneros, hombres muy aficionados a la bebida y feroces para el amor en los día
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Los que aman con todo su ser, aun llenos de debilidades y límites, son los que vuelan con ligereza, libres de influencias y presiones
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En la casa de mi madre todo invitaba al amor. Era un paraíso del amor. Amor se respiraba y amor se bebía; la belleza de las dos mujeres, sus amantes, los perfumes, los cantos, la música, los bailes..., y hasta la grotesca y dramática huida de los invitado