Curiosamente, lo único que pasó por la mente del tiesto de petunias mientras caía fue: ¡Oh, no! Otra vez, no. Mucha gente ha imaginado que si supiéramos exactamente lo que pensó el tiesto de petunias, conoceríamos mucho más de la naturaleza del universo d
Frases célebres sobre: caía.
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Si hubiera podido, me robaba el plasma. ¿Saben por qué yo me lo robaba? Porque yo estaba en Pinto Durán, había un televisor Sony, que yo no lo había pagado. Era de la Federación, un regalo, y yo estaba preocupado por si se caía. Y no era ni mío. ¿Qué quie
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El drama del desencanto: el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves insta
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Cuando a fines de 1921 Eduardo Dato caía igualmente abatido por las balas, Iglesias expresaba con mayor claridad aún su pensamiento: La violencia, por si sola, no resolvió nunca nada: es cosa adjetiva. En España es esencialmente reaccionaria, lo mismo si
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Los hombres más grandes que el mundo ha producido no sabían demasiado. Poseían algunos hechos, mezclados con errores sin numerar. En algunas áreas se elevaban sobre sus semejantes, mientras que en otras caían por debajo del nivel promedio de la humanidad.
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El día de mi renuncia, cuando me despidieron todos los de Olivos, el personal, los funcionarios, me dio pena ver que se les caían lágrimas a todos, fue una ceremonia muy emotiva. Pero el Presidente no lloró, no corresponde que el Presidente llore.
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La luz tranquila que caía como una caricia sobre cuanto iluminaba, parecía hacer visible a los ojos del espíritu el silencio y la soledad de aquella estancia.
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Si otro tomaba la palabra, parecía, por contraste, torpe y grosero; y si contradecía a la voz, los corazones de los que caían bajo el hechizo se encendían de cólera.
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Lejos, caía lluvia del cielo de tus manos -un cielo pequeñito, lívido, solitario-.
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Caía sobre mí mismo y amaba mis fracasos. Sentía el placer de ser otro que escribe un poema sin principio ni fin alerta por si viene la muerte y revienta mi pobre y útil reino del cuerpo.
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Si bien deseaba que una mayor parte de la población estuviera mejor educada, también creía que, para la mayoría de la gente que había conocido, la educación caía en saco roto.
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Como recuerdo en vez de la existencia, estábamos los dos o desdoblábamos los dos el gesto puro de caricia, también la nitidez del habla en un recodo marginal o cielo raso que caía como granizo.
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La tarde caía y la fiebre de comienzos del verano había abandonado el ambiente, al igual que la temperatura abandona a un gigante muerto.
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Sobre el pavimento helado los copos de nieve caían en silencio como una lluvia de infinitas plumas.
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Algo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.
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La lluvia lo despertó, una llovizna lenta; tenía los pies enredados en espirales de fibra óptica desechada. El mar de sonido de la vídeo galería caía sobre él, retrocedía, regresaba.
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Su rostro era agradable y majestuoso; pero cuando se encolerizaba uno de sus ojos se hacía tan terrible que su mirada resultaba intolerable: el desgraciado sobre quien la fijaba caía de espaldas y, a veces, incluso expiraba en aquel mismo instante.