Las verdades que se callan se vuelven venenosas.
Frases célebres sobre: call. [Página 21]
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Demasiado tiempo me debatí en la añoranza, con la mirada clavada en la lejanía, demasiado tiempo permanecí en la soledad, así que ya no se callar.
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Un amigo debe ser maestro en el arte de adivinar y de callar.
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Soy como la noche: callada, profunda, horizonte. Soy como las estrellas: incertidumbre, lejanía, destello.
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Si el control mediático falla, sacaran a los tanques. Compañeros, la lucha está en la calle, como dijo Rosa Luxemburgo: Socialismo o barbarie.
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Es privilegio de los bufones decir verdades que todos callan.
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Así como hay una calle Voluntarios de la Patria, podría haber otra que se llamara, inversamente, calle Traidores de la Patria.
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La manera más desagradable de replicar en una polémica es la de enojares y la de callar, pues el agresor interpreta ordinariamente el silencio como un desprecio.
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Cada día sale un tonto a la calle y el que lo agarre es de él
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No sé quién ha dicho que el gran talento no consiste precisamente en saber lo que se ha de decir, sino en saber lo que se ha de callar
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Póntico, ¿por qué crucificas a tu siervo, después de haberle cortado la lengua? ¿No sabes tú que el pueblo dice lo que él se calla?
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Eso de gritar sin cesar, eso de interrumpir a los abogados en los procesos, eso, Elio, no lo haces por nada: cobras por callar.
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Cuando todos gritan, Névolo, sólo entonces hablas y te crees un defensor y un abogado. De esta forma cualquiera es elocuente. Mira, ahora están todos callados. Névolo, di tu algo.
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¿Crees, Zoilo, que me hace dichoso una cena? Y además tuya. Al convidado que cifra su dicha en una cena contigo, Zoilo, Más le valdría cenar en la calle de Aricia.
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Las calles me pertenecen pero no hay casas; fueron desde la niñez destruidas. Sus habitantes vagan por el aire en busca de alojamiento.
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Todo lo que pienso lo leí. Vi que lo que yo pensaba era lo mismo que decía mucha gente: los especialistas y la gente de la calle.
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En esa calle de Buenos Aires los árboles crecían inclinados, tanto por el día como por la noche. Qué inútil humillación, era de noche, no había sol ¿Por qué inclinarse? ¿Habían olvidado esos árboles toda dignidad y amor propio?
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El hombre que se lanza a la contienda pública y osadamente se expone a la luz meridiana en calles y plazas, no debe lamentarse ni protestar al verse examinado con microscopio y descrito en sus más minuciosos rasgos intelectuales, morales y físicos: sube a
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No entiendo a la gente cuya satisfacción es un auto de lujo. Uno no sabe lo que es la alegría hasta que ve un niño de la calle que es adoptado por una familia.
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Y sonrío y me callo porque, en último extremo, uno tiene conciencia de la inutilidad de todas las palabras.