La moda no existe sólo en los vestidos. La moda está en el cielo, en la calle, la moda tiene que ver con ideas, la forma en que vivimos, lo que está sucediendo.
Frases célebres sobre: call. [Página 18]
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Las leyes callan en medio de las armas.
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Las leyes se acallan con las armas.
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Cuando los tambores hablan, las leyes callan.
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Las leyes callan cuando las armas hablan.
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Confundido entre los transeúntes, José María López Lledín desanda ahora —y por siempre— las calles de la Habana Vieja. Gracias a la magia del escultor José Villa Soberón, su silueta de caballero medieval se perfila a la entrada del Convento de San Francis
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Volveré a mi tierra. Volveré. Pondré mi frente entre sus manos. El calor del surco entrará en mis ojos hasta el alma. No rehusaré su calle ni su puerta. No rogaré que me ame, porque su corazón me ha esperado por años y nieblas. Siempre viva.
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El público es el que me paga. Pueden pitar cuando quieran y yo tengo que callar y tengo que aceptar
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¿Qué tiene que ver el Parlamento con la calle?
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¿Cómo un gobernante puede proponer a su pueblo una consulta que no será vinculante? ¿Esto es un programa político serio? No es un programa político serio. Es la última salida que les queda del fracaso, del callejón sin salida, del bloqueo que han represen
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Me duele tanto el silencio por lo mucho que perdí. Que no se quede callado el que quiera ser feliz...
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En economía no hay nada misterioso ni inaccesible al entendimiento del hombre de la calle. Si hay un misterio, reside él en el oculto propósito que puede perseguir el economista y que no es otro que la disimulación del interés concreto a que se sirve
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Observa, escucha, calla. Juzga poco, pregunta mucho.
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Hasta cuando se encuentran en la calle, las mujeres se miran una a otras como guelfos y gibelinos.
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El amor en los hombres reflexivos, callados y virtuosos, prende, casi siempre, con fortaleza.
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Callarse es un acto de prudencia, una medida terapéutica, una silenciosa afirmación.
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Sí, ya he oído todo. Ahora sólo me falta callarme.
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Entra una nueva pena y las viejas penas de la casa la reciben calladas, no muertas.
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El ruido se inicia en el instante en el que las personas se callan y oímos los pensamientos moverse dentro de ellas como las piezas, que intentan ajustarse, de un motor averiado.
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Callad, amantes, y ocupad el labio con el beso. No pronunciéis palabras vanas mientras se busca vuestro corazón en otro pecho, jadeante y pobre como el vuestro, ya al filo de la aurora