No somos enemigos, sino amigos. No debemos ser enemigos. Si bien la pasión puede tensar nuestros lazos de afecto, jamás debe romperlos. Las místicas cuerdas del recuerdo resonarán cuando vuelvan a sentir el tacto del buen ángel que llevamos dentro.
Frases célebres sobre: cuerdas. [Página 2]
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En los corazones de los hombres más temerarios hay cuerdas que no se dejan tocar sin emoción.
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El que sabe atar no usa cuerdas ni nudos, y, sin embargo, nadie puede desatar lo que él ha unido.
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Me pregunto si te acuerdas de la historia que nos leyó mamá la primera noche que Sebastian se emborrachó...; quiero decir la noche mala. El padre Brown dijo algo así como le cogí al ladrón con un anzuelo y una caña invisibles, lo bastante largos como para
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Tú no recuerdas la casa de los aduaneros sobre el barranco profundo de la escollera: desolada te espera desde la noche en que entró allí el enjambre de tus pensamientos y se detuvo inquieto.
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Una lágrima tuya me moja el alma mientras gimen las cuerdas de mi guitarra.
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La amistad es como la música; dos cuerdas del mismo tono vibrarán ambas, aunque sólo se toque una.
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Hay cuerdas en el corazón humano que sería mejor no hacerlas vibrar.
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Las cuerdas que están siempre tensas terminan desafinando
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La felicidad no es algo que experimentas; es algo que recuerdas.
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La felicidad no es algo que experimentes, es algo que recuerdas.
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Tener una guitarra con cuerdas de latidos, entregados.
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Y si tú me recuerdas alguna vez en solitarias horas, no será por los triunfos y laureles que siembre a fortuna en mi camino, sino por la recóndita armonía que vibró de tus ojos en mi mente, y arrancó, reflejada en mis cantares, tal vez una sonrisa de tus
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Por ruego de aquél punteaba en ocasiones para alguna endecha antigua o espinela amorosa las cuerdas de la guitarra. ¡Ah galardones de la dicha expresa en versos campesinos! ¡Ah tristes ingenuos que resucitaban infortunios, porque el amor, como el vino, re
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Quiero ser las dos niñas de tus ojos, las metálicas cuerdas de tu voz, el rubor de tu sien cuando meditas y el origen tenaz de tu rubor.
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La voz humana, dos minúsculas cuerdas sedosas, maravillosas, más que todo lo demás.
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Mi cuerpo era como un arpa y sus palabras y gestos eran como dedos corriendo sobre las cuerdas.
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No sabía si llegaría o no a hablarle, y si le hablaba, cómo le iba a comunicar mi confusa adoración. Pero mi cuerpo era un arpa y sus palabras y sus gestos eran como dedos que recorrieran mis cuerdas.
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Solo en la ruta de mi destino sin el amparo de tu mirar, soy como un ave que en el camino rompió las cuerdas de su cantar
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Pues subiremos a los minusválidos con cuerdas