Yo quisiera correr entre las sombras, y llevando en las manos apretadas el deseo de un año en cada dedo. Cual si llevara ofrendas, de flores y de espigas, hasta ti.
Frases célebres sobre: deseo. [Página 28]
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Llegamos a amar nuestro deseo, y no al objeto de ese deseo
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Si muero, patria mía, mi deseo más grande es ser tan sólo una de tus tristes tumbas. Y si vivo, lo que ansío tan sólo de esa vida es tener una choza en tus campos.
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En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado.
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No sólo se ataca por hacer daño alguno, por vencerle, sino a veces por el mero deseo de adquirir conciencia de la propia fuerza
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La física no es más que una interpretación del mundo a la medida de nuestros deseos.
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-¿Quién sabe si yo deseo ser leído hoy?
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El beso se ha convertido en goce. Tuvo lugar. Se burló de la muerte, del horror de la idea. No le siguió ningún otro beso. Ocupa el deseo todo, para él mismo es su desierto y su inmensidad, su espíritu y su cuerpo
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Los valores en los que hoy en día la humanidad sintetiza sus más altos deseos son valores de decadencia.
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De mi ciego deseo los ardores volcánicos crecieron, de manera que víctima soy ya de sus furores.
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La muerte nos libera de las impresiones de los sentidos, de los deseos que nos hacen juguete suyo, de las divagaciones del espíritu y del duro servicio de la carne
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Los deseos conducen a la permanente preocupación y decepción, ya que todo lo que se desea de este mundo es miserable y corrupto.
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Pero repitió Scarlett tercamente, como una niña que cree que exponer su deseo es conseguirlo, pero yo te quiero. Ésa es tu desgracia.
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Pido también a Dios y deseo con toda mi alma que siempre os sintáis en presencia de Dios, porque esto anima la oración y hace crecer todas las virtudes.
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Ése es mi amor; el inmortal deseo que antes erraba sin hallar reposo...
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El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.
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Nuestros deseos se ponen trabas mutuamente y en la confusión de la vida raras veces una dicha corresponde exactamente a aquel que la había reclamado.
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El éxito a veces produce acentuación del proyecto, y a veces produce exceso de valoración de uno mismo, y deseos de aspirar legítimamente a perspectivas mejores.
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En aquel momento yo estaba tratando que el club se volviera más atractivo para los jugadores, mejorando el servicio que se le daban, para que no tuvieran deseos de irse. Tan equivocado no estaba respecto de la sensación de abandono y de partida, legítima,
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Hay que sanearse y educarse a sí mismo, para quedar libre de dos plagas igualmente abominables: la costumbre de obedecer y el deseo de mandar. Con almas de esclavos o de mandones, no se va sino a la esclavitud o a la tiranía.