Encontraremos paz. Escucharemos ángeles. Veremos el cielo centelleando con diamantes.
Frases célebres sobre: diamante.
Hay un total de 44 freses célebres sobre "diamante" este sitio web.
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Prefiero tener rosas en mi mesa que diamantes en mi cuello.
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Las grandes virtudes pueden atraer la atención de los defectos, ésta no los puede santificar. Un guijarro rodeado de diamantes sigue siendo una piedra común, y un diamante rodeado de guijarros continúa siendo una gema. Nadie debería intentar refutar un ar
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Mi mamá es definitivamente mi diamante.
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Con pensamientos claros y limpios y la práctica del bien seréis hombres transparentes y justipreciados, como el agua de las fontanas de las altas montañas, como el rocío que desciende del firmamento y se acuna y brilla en la mañana, como el diamante que r
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Y todo como el diamante antes que luz, es carbón...
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El asunto entero era irreal, y lo irreal era el mundo de Húmedo. En sus años de calavera había vendido sueños, y el que mejor se vendía en ese mundo era el de hacerse muy rico gracias a un golpe de suerte. Había vendido cristal como diamante porque la ava
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Un pedazo de pan es más precioso para el hombre que una montaña de diamantes y oro, Amén.
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Los diamantes son la luz blanca de Dios
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Las chicas grandes necesitan diamantes grandes.
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Sigue brillando, diamante loco
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¡Siempre he notado que un diamante regalado brilla mucho mejor que uno comprado por uno mismo!”
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La noche ha prendido sus claros diamantes en el terciopelo de un cielo estival.
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A la desgracia hay que enfrentarse con amor: él nos consolará y nos devolverá la alegría. El amor es el mejor remedio. En los pliegues del infortunio se esconde la felicidad, como el diamante en la grieta de la mina. Dejémonos instruir por la sabiduría de
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Yo soy un arabesco de marquetería; hay trozos de marfil, de oro y de hierro; los hay de cartón pintado; los hay de diamante; los hay de hoja de lata.
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Bordoneaba la marea de sus cabellos en hilas de diamante musical.
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Lo sincero, lo real, lo espontáneo, es siempre lo siempre; porque en el fondo del diamante está la noche del carbón.
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Argos es siempre atento a su semblante, lince penetrador de lo que piensa, cíñalo bronce o mírelo diamante, que en sus paladiones amor ciego, sin romper muros introduce fuego.
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Al que trato de amor, hallo diamante y soy diamante al que de amor me trata.
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Los críticos no sabrían distinguir y apreciar ni los diamantes brutos ni el oro en barras; en literatura no conocen sino lo que circula, las monedas; ellos son comerciantes, su crítica tiene balanzas, pesas, pero no tiene ni crisol ni piedra de toque.