El primer principio para escribir es pensar bien. Borra a menudo si quieres escribir cosas que sean dignas de ser leídas
Frases célebres sobre: dig. [Página 44]
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Todo trabajo que enaltece la humanidad tiene dignidad e importancia y debe emprenderse con excelencia esmerada
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La superstición, la idolatría y la hipocresía cuentan con grandes salarios, la verdad es mendiga.
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Enfurézcase quien quiera, con tal de que yo no sea hallado culpable de haber guardado un impío silencio; pues soy plenamente consciente de ser un deudor de la palabra divina, por grande que sea mi indignidad. Nunca se ha podido discutir en serio el verbo
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Nuestra misión de tratar a las personas con respeto y dignidad no queda sólo en palabras, sino que es algo de los que nos preocupamos día a día. No puedes esperar que los empleados excedan las expectativas de tus clientes si tú no excedes las expectativas
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Oh Padre rectísimo y dulcísimo, escucha en tu bondad a tu indigna sirvienta, a mí que, desde la infancia, jamás he vivido segura. Quiero, Padre, que por el amor de Dios me recuerdes en tus oraciones
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Así es el tango, sabés, de ayer y de hoy, requiebro y pena de amor. Si no entendés, escuchá lo que te digo, que los barrios son testigos de que cuento la verdad.
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Amar y sufrir es, a la larga, la única forma de vivir con plenitud y dignidad.
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Yo no digo nada...
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Cualquiera que diga que puede ver a través de las mujeres se está perdiendo un montón de cosas.
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Pedir prestado no es mucho mejor que mendigar, así como el prestar con usura no es gran cosa menos que robar.
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Un palacio del que se conocían todas las habitaciones no era digno de ser habitado.
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Es indigno que hombres notables pierdan su tiempo como esclavos del cálculo cuando podrían dejar ese trabajo en manos de cualquiera si se usaran las máquinas.
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Entre mendigar y pedir prestado, no hay mucha diferencia.
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A veces quise no soñar contigo, y cuanto más quería más soñaba, por tus versos que yo saboreaba, tú el rico de poemas, yo el mendigo.
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Ya no me digan tonterías Quiero vivir mi propia vida.
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¿No es ello la causa de todas nuestras revoluciones? Porque entre el Estado, que prodiga promesas imposibles, y el público, quien ha concebido esperanzas irrealizables, se vienen a interponer dos clases de hombres: los ambiciosos y los utópicos.
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Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad hum
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Su muerte fue muy difícil de digerir. Era una persona especial. Su destreza y valentía fueron de tal magnitud que hizo de menos a la generación de pilotos posterior.
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Sí a la vida. Sí al amor. Sí a la generosidad. Pero el hombre es también un no. No a la indignidad del hombre. A la explotación del hombre. Al asesinato de lo que hay más humano en el hombre: la libertad