Hay cosas que no se deben perdonar. Si las perdona Dios, allá él. Yo perdono con dificultad
Frases célebres sobre: don. [Página 90]
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De la mujer es la casa, donde el hombre es un huésped.
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Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.
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Los católicos querrían el Estado intervencionista totalmente a su favor; a falta de esto, o donde son minoría, exigen el Estado indiferente, para que no apoye a sus adversarios.
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Confirmado, el abandono de Alonso se debió a un problema en los cambios Después de que la página de Renault confirmara el error de Alonso.
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Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía que dio a cascar al diente de la sabiduría.
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Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja, y no conocen la prisa ni aún en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino; donde no hay vino, agua fresca. Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos descansan bajo la
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La melancolía, como la tristeza, es un sentimiento que mancha. La alegría me parece el don donde nos encontramos
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Un artista debe vivir con los ojos abiertos. Pero nunca, por más apremiante que sea la realidad, debe abandonar el arte.
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Lo que al caballero le hace ser caballero es ser medido en el hablar, largo en el dar, sobrio en el comer, honesto en el vivir, tierno en el perdonar y animoso en el pelear.
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Yo, compasivo, te ofrezco; lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo, para siempre duerma en paz
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Los unicornios son inmortales. Su naturaleza exige que vivan solos en un único lugar, por lo general un bosque donde haya un estanque de agua lo bastante clara como para mirarse en ella; pues son un poco vanidosos y saben perfectamente que son los seres m
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Sed espectadores atentos allí donde no podáis ser actores
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Menesteroso de silencio, pido tres palmos de la orilla desolada, de donde pueda regresar sencilla, como un fuego marino, la mirada.
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Digamos que no tiene comienzo el mar, empieza donde lo hallas por vez primera y te sale al encuentro por todas partes.
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Aquí, donde el río se enoja y se revuelve en hervores y remolinos, sobre la meseta purpúrea rodeada de fosas y cañones, gobierna el general Artigas. Estos mil fogones de criollos pobres, estos ranchos de barro y paja y ventanas de cuero, son la capital de
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Hay un arte de anochecer. De la entrada del cuerpo al alma, de la niebla a la redondez y del círculo al cielo.
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Hay un arte, un paisaje a veces amable, a veces torvo, donde ascenso y descenso son accesorios de la materia limpia.
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Me cuesta bajar el poema del aire, allí donde me hundo con el plumaje vertical de las palabras. Rozando el infierno y el invierno el poema es un dios de pies ligeros apaleado por las estrellas.
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¿Qué importa el mundo, si perdona Dios?