No venderé el rico patrimonio de los orientales, al bajo precio de la necesidad
Frases célebres sobre: ent. [Página 1140]
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Sean los orientales tan ilustrados como valientes
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En mi propia casa como en la ajena, he creído sentir que la poesía, al penetrar en la palabra, la descompone, la abre como un capullo a todos los matices de significación.
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La poesía no es diferente, en esencia, a un juego de a escondidas en que el poeta la descubre y la denuncia, y entre ella y el, como en amor, todo lo que existe es la alegría de este juego
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¡Ponga dios una lenta lágrima de mujer en los ojos del mar!
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El dolor me sangraba el pensamiento, y en los labios tenía, como una rosa negra, mi silencio.
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Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera.
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Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor.
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Digamos que no tiene comienzo el mar, empieza donde lo hallas por vez primera y te sale al encuentro por todas partes.
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La gente llega, vive, sufre, se muere. Vienen los otros a ocupar su sitio y la casa arruinada sigue viviendo.
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Tal vez sólo me apropio los gestos, las palabras, los actos inherentes a la pequeña fracción de tiempo asignada a mi persona.
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Y cada ola quisiera ser la última, quedarse congelada en la boca de sal y arena que mudamente le está diciendo siempre: adelante.
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Escribo: doy la mitad del poema. Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena. El lector, la lectora harán o no el poema que tan sólo he esbozado.
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Eras de vientos y de otoños, eras de agrio sabor a frutas, eras de playas y de nieblas, de mar reposando en la bruma, de campos y albas ciudades, con un gran corazón de música.
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El viento no escucha. No escuchan las piedras, pero hay que hablar, comunicar, con las piedras, con el viento.
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Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses
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Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca.
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Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca.
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Cómo andar, sin nostalgia, el camino, soñando dos sueños distintos mientras en torno el amor se desploma
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Para conseguir el feliz éxito, y la deseada felicidad a que aspiramos, os recomiendo á nombre de la Excelentísima Junta vuestra protectora, y en el de nuestro amado jefe, una unión fraternal, y ciego obedecimiento á las superiores órdenes de los jefes, qu