¡Eh! Dame tu boca, ¡Eh! ¡Mi fresa bonita! El alba ha llenado de fresas nuestro horizonte.
Frases célebres sobre: fre. [Página 70]
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La vida se parece a una novela con más frecuencia que las novelas a la vida.
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América refiriéndose a los Estados Unidos es adicta al petróleo que frecuentemente es importado de partes inestables del mundo. La mejor manera de romper esta adicción es a través de la tecnología.
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Es mejor no ofrecen una excusa más mala
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Hay que mejorar la condición femenina. Las cocinas son demasiado pequeñas, los fregaderos demasiado bajos y el mango de las cacerolas está mal aislado.
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En el boxeo, como en cualquier deporte y en la vida, lo importante es desarrollarte. El deporte es importante, pero la imagen que yo quiero dejar a los niños es la de saber enfrentarse a la vida. Ganar o perder forma parte del deporte.
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No frecuentes las malas compañías, no sea que aumente su número.
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Su mente ofrecía la curiosa combinación de humillarse en la región del misterio y de ser muy activa, fría y razonable en la del conocimiento.
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Un hombre sabio es aquel que no sufre por las cosas que no tiene, sino que disfruta de las que sí posee.
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Cuando un perro se está ahogando, todo el mundo le ofrece beber.
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Los grandes hombres también yerran, y algunos con tanta frecuencia que casi se caería en la tentación de considerarlos pequeños
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Prefiero el estado de progreso constante, con la meta al frente y no atrás
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Los hombres se equivocan con más frecuencia por demasiado listos que por demasiado buenos.
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Se encuentra frente al gran misterio... Al que hace temblar a la humanidad desde su origen: ¡lo desconocido!
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La mujer cambia con frecuencia y es bien loco quien se fía de ellas.
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El tono de su conversación era el de una persona escéptica y desengañada. Su extraña profesión le había hecho frecuentar tantos crímenes y bajezas, que habría resultado inexplicable que no le endureciera un poco los sentimientos.
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Hay una música, Cristina, tan terrible que consume a todos los que la conocen. Usted no ha oído todavía esa música, felizmente, porque le quitaría sus frescos colores y nadie la reconocería al volver a la vida de París. Cantemos ópera, Cristina Daaé.
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Juego lúdico en lo que tiene de aventurado el enfrentarse al enigma.
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Tú, que eres el que más trabajas, ¿no eres acaso el que más sufres? ¿Qué haría sin ti esa turba de nobles, de propietarios, de parásitos que insultan de continuo tu miseria con sus espléndidos trenes, sus ruidosos festines y sus opíparos banquetes?
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Sé que llegué hasta un punto y tendré que frenar, pero ¿hay algo malo con fantasear?