Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.
Frases célebres sobre: heridas. [Página 2]
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Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.
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Tus manos, heridas de intrincados caminos, son la historia de una raza de amadores.
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De las tías las heridas que más duelen son las que dejan de hacer.
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Las heridas que no se limpian se vuelven abrir
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Sólo contra la luna, dificulto que haya un varón en los antiguos cultos con un cacho de heridas más bonitas.
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Te escribo con la sangre de heridas que sanas
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Amor mío, nos hemos encontrado sedientos y nos hemos bebido toda el agua y la sangre, nos encontramos con hambre y nos mordimos como el fuego muerde, dejándonos heridas. Pero espérame, guárdame tu dulzura. Yo te daré también una rosa.
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Las heridas del amor solo las puede curar quien las causó.
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Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas, cicatrices y heridas, señales y recuerdos del hambre, contra tantas barrigas satisfechas: cerdos con un origen peor que el de los cerdos
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El amor sólo con amor se paga, las heridas de amor sólo con amor se pueden curar
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Nuestros barcos eran, ciertamente, juguete de los vientos y las olas, del mismo modo que Gulliver lo era de los gigantes brobdinagianos, pero nosotros, en nuestra estable morada, quedábamos a salvo de las heridas de aquella naturaleza en erupción.
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La gente interfiere con la naturaleza y por mucho que lo intentan, no pueden curar las heridas que causan.
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Nunca, nunca tengas miedo de hacer lo correcto, especialmente si el bienestar de una persona o animal está en juego. Los castigos de la sociedad son pequeños en comparación con las heridas que infligimos a nuestra alma cuando miramos para otro lado.
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Algunas palabras abren heridas. Otras abren caminos.
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La libertad no muere jamás de las heridas que recibe. El puñal que la hiere lleva a sus venas nueva sangre.
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Para todas las heridas del alma, por profundas que sean, el tiempo, ese gran consolador tiene su bálsamo
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Si hay palabras y agravios como cuchillos, cuyas profundas heridas nunca cicatrizan ultrajes cortantes e insultos de dentado y venenoso filo, hay también palabras de consuelo demasiado dulces para el oído receloso, y cuyo eco perdura en nuestra memoria:
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He sido vulnerable. He sido fácil de herir. He sido fácil, y frágil. He sentido como muy hondas heridas que para otros hubieran pasado inadvertidas
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Usted sabe..., lo mismo que yo, que las heridas del corazón no se curan. -Pero se tratan, señora, como dicen los facultivos.