Los árboles del bosque profundo y oscuro se estremecen, agitan sus hojas como envoltorios de papel de plata gastada. El viento artero, serpenteando por sus copas, susurra que pronto dará comienzo. Los árboles lo saben. Son antiguos y ya han visto de todo.
Frases célebres sobre: mece. [Página 3]
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El nombre de un hombre es un soplo que lo entumece y del cual nunca se recupera.
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Sola yo, amor, y vos quién sabe dónde; tu recuerdo me mece como al maíz el viento y te traigo en el tiempo, recorro los caminos, me río a carcajadas y somos los dos juntos otra vez, junto al agua.
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Dentro, en tus ojos, donde calla y duerme un palpitar de acuario submarino, quisiera, licor tenue al difumino, hundirme, decantarme, adormecerme.
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El tiempo no duerme los grandes dolores, pero sí los adormece.
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Si leo a Maquiavelo, mi enemistad con el poder se adormece. Pero se trata de un sueño ligero, del cual siempre despierto a gusto.
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En la docena de años de vida que le quedaban, Hideyoshi consolidó su dominio de la nación, acabando para siempre con el poder de los clanes de samuráis. Su mecenazgo de las artes creó una opulencia y una belleza que pasarían a la posteridad como el Renaci
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¿Reír, cantar, estremecernos libres de desear y ser mucho más que la vida? No. Ya lo sé. Todo es algo que supe y por ello, por ti, permanezco en el mundo.
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Yo preparo una canción que haga despertar a los hombres y adormecerse a las criaturas.
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La razón obra con lentitud, y con tantas miras, sobre tantos principios, que a cada momento se adormece o extravía. La pasión obra en un instante.
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La esperanza es una adormidera que adormece las penas
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Mi espíritu se mece como un mástil, obras de teatro en el tormentoso cielo y, al igual que las velas hinchadas por el viento, se llena mi imaginación.
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Así como el animal en cautividad recorre a diario la jaula para desentumecer sus patas o mide la longitud de su cadena, así mido yo la longitud de la mía, remontándome hasta la muerte, para desentumecer mis miembros, y hacer más llevadera la vida.
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Las cuerdas que en su vibrar producen dulces placeres, son las mismas que estremecen con sus notas de tristeza.
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Ahora cuando nuestros cuerpos arriesgan un encuentro, temen desencadenar la furia de sus sentidos, y sólo en el breve desmayo de la despedida se estremecerá tu risco o vacilará mi ola.
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La mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo.
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¿Y qué son? ¿Qué son los fríos? Sonrió sombríamente. Bebedores de sangre -replicó con voz estremecedora-. Tu gente los llama vampiros.
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Una mosca, señor, puede picar a un caballo majestuoso y hacerlo estremecerse de dolor; pero la primera seguirá siendo nada más que un insecto, y el segundo, empero, un caballo.