La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta.
Frases célebres sobre: men. [Página 434]
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Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.
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La abundancia de las cosas, aunque no sean buenas, hacen que no se estimen, y la carestía, aun de las malas, se estima en algo.
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En las cortesías antes se ha de pecar por carta de más que de menos.
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Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas, cicatrices y heridas, señales y recuerdos del hambre, contra tantas barrigas satisfechas: cerdos con un origen peor que el de los cerdos
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Pero también su sensibilidad, que tan hábilmente disfrazaba de audacia.
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Advirtió que los niños tienen ineluctablemente la culpa de aquellas cosas de las que no tiene la culpa nadie
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Yo tenía un par de años más que ella, pero nos enamoramos, en el cuarenta y seis nos casamos y en el setenta y tres la perdí. Eso duró mi historia sentimental
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El amor se establece desde el momento en que uno cede ante el otro o en que el otro cede ante el uno
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Estamos tan bien instalados en la abundancia que no es fácil convencer al vecino de que se sacrifique seriamente para impedir el calentamiento del planeta y hacerlo invisible para millones de personas
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La fama no tiene un lugar donde agarrarse que sea realmente positivo
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Tengo la impresión desde chico de que estaba amenazado por la muerte. No de la mía, sino de la muerte de quienes dependía
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Mi afán al escribir era intentar comunicar a dos personas, emplear la pluma como elemento de comunicación con otros, y creo que esto se establece con una novela o con un poema
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El momento es crucial para que el hombre nos dé la medida de su sensibilidad
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Siempre he dicho que soy un hombre sencillo que escribe sencillamente
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La relación de dos se establecía perfectamente entre una persona y un libro
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Había motivos para estar triste y para desesperarse y para desear morir, y algo notaba él que se desgajaba amenazadoramente en su interior, aunque el Sol brillase eternamente, aunque cantasen preciosos los pájaros en el exterior; nada podía consolarle, na
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¡Son tantos los mortales que no pueden digerir la felicidad! La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta
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Y el Cristo dijo: Padre, perdónalos, pues no saben lo que hacen, y no hay hombre que sepa lo que se hace. Pero ha sido menester convertir a la religión, a beneficio del orden social, en policía, y de ahí el infierno.
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El cielo de la fama no es muy grande, y cuántos más en él entren a menos tocan cada uno de ellos.