De noche el reloj que late es el corazón del tiempo.
Frases célebres sobre: noch. [Página 40]
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El triunfo de la noche. De tus manos, más bellas, fluyen todas las sombras y todas las estrellas, y mi cuerpo se vuelve profundo como un cielo.
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Canta en la aurora rosada, canta en la tarde de plata, y cuando el sol, como un rey, muera en su manto escarlata, mientras que la noche llega, ¡Ensaya un ritmo y un sueño!
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Quiero que sepa sin embargo que todas las noches que he dormido a su lado, incluso las discusiones más inútiles, siempre fueron algo espléndido y esas difíciles palabras que siempre temí decir pueden decirse ahora: te amo.
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La mayor parte del mundo está parcelada, y constantemente se divide, conquista y coloniza lo poco que queda de él. Y pensar que hay estrellas por la noche, anchurosos mundos que jamás podremos alcanzar. Me gustaría anexionar los planetas si me fuera posib
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Algunos perros que duermen a la noche deben soñar con huesos y yo recuerdo tus huesos en la carne o mejor en ese vestido verde oscuro y esos zapatos de taco alto negros y brillantes.
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Me llevé un poco de tu mirada guardada en la mía, te dejé de recuerdo nuestro sueño de anoche. Nos dimos un segundo de vuelo, antes de cerrar la puerta, antes de cerrar la puerta...
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A propósito del sueño, aventura siniestra de todas las noches, puede decirse que los hombres se duermen diariamente con una audacia que parecería incomprensible si no supiéramos que es el resultado de la ignorancia del peligro
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Lo que no ha pasado a mediodía puede pasar por la noche.
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¡Has de echarle los brazos a la vida cuanto más en la noche te sientas naufragar!
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El paso lento del tiempo lento, la noche no termina y el amor se hace lento.
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Sólo un agua para lavar tanta sangre, un único camino para la felicidad. Al despertar en el sueño resplandeciente, tu rostro de castillo hirviendo en la noche.
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Y al fin es mío el tiempo y la noche me alcanza y el sueño que me anula te devora y puedo asimilarte como un fruto maduro como una piedra sobre una isla que se hunde.
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Reanudo mí día de conejo, mi noche de elefante en descanso.
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Aquella noche de setiembre, fuiste tan buena para mí... ¡Hasta dolerme!
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La noche se acuesta al lado mío y empieza el diálogo al que asistes como una lámpara votiva sin un murmullo parpadeando y abrasándome con una luz tristísima de olvido y de casa vacía bajo la tempestad nocturna.
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La medianoche se afeita el hombro izquierdo sobre el hombro derecho crece el pasto pestilente y rico en aglomeraciones de minúsculos carneros vaticinadores y de vitaminas pintadas de árboles de fresca sombrilla con caireles y rulos.
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El sol puede morir y volver a nacer; pero nosotros una vez apagada nuestra breve claridad, hemos de dormir una sola y eterna noche
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Por ello amo la noche, cima donde se me da su gracia. Ni desnudez ni ropaje. El llega a las cuevas de mi corazón alargando las galerías redondas de mis ojos. Yo le penetro como espada suya a cambio de la claridad con que él me traspasa.
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Acércate. Junto a la noche te espero. Nádame. Fuentes profundas y frías avivan mi corriente.