Los únicos que conocen la verdadera soledad son los criminales. Su soledad es una lúgubre tiniebla, toda oscura, sin ningún toque de luz ni rastro de iluminación, en la cual la moral y la religión están vedadas desde el comienzo.
Frases célebres sobre: ora. [Página 186]
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Y como una pastora, en piadoso desvelo, con sus ojos de bruma, de una dulce pereza, el alba mira en éxtasis las estrellas del cielo.
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Nada me impresiona más que los hombres que lloran -dice luder-. Nuestra cobardía nos ha hecho considerar el llanto como cosa de mujercitas. Cuando solo lloran los valientes: por ejemplo, los héroes de Homero.
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Adiós, mi querida mamá, te quiero y te abrazo de todo corazón y espero verte pronto completamente sana. Ruego a Dios. Tu hijo, que te quiere cariñosamente.
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La moralidad tiene que ver, sin duda, con la justicia y con el bienestar de los otros, incluso con la promoción del bienestar general
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La moralidad se refiere a cuestiones prácticas, que pueden ser decididas con razones, a conflictos de acción que pueden resolverse a través del consenso
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Una persona que no es romántica no tiene el corazón muy grande.
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El mejor momento de mi vida fue cuando sentí estar enamorado por primera vez.
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Esa palabra, la del matrimonio y la de los hijos no están en mi lenguaje. Estoy concentrado en mi carrera. Lo que sucede es que en el amor tal vez pido más de lo que puedo dar. De hecho, cuando estoy enamorado disfruto mi soledad.
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Deseaban verlo, tenerlo, y también deseaban sentir su ausencia, la tristeza de no poder hablarle, y el vuelco jubiloso en el corazón al verle aparecer de nuevo.
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El político muchas veces confunde la oratoria con la política
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La perfecta hora de comer es, para el rico, cuando tiene ganas; y para el pobre, cuando tiene qué.
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Cuando una mujer demuestra mucho ardor por un hombre lo hace, con frecuencia, para ocultar otra llama que tiene en el corazón
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Las personas que tienen poco que hacer son por lo común muy habladoras: cuanto más se piensa y obra, menos se habla.
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Él quería gritar, pero los roedores del pánico le destrozaban a dentelladas la lengua. Él quería correr, pero las delgadas serpientes voladoras le ataban las piernas.
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Mi corazón se comportaba como las hojas del árbol de la seda, que se encogen y rehúyen cuando se las toca; tan inseguro de mí mismo como una tímida doncella.
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Tan pronto como te ocupas del bien y el mal de tus semejantes, creas una abertura en tu corazón por la que entra la malicia. Examinar, competir y criticar a otros te debilita y te derrota.
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No hay Biblia, ni Talmud, ni Corán que codifique la moral del mundo moderno.
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¡Oh perfecta criatura! No he podido veros sin admirar en vos al autor de la naturaleza y sentir mi corazón herido de ardiente amor hacia la más bella de las imágenes en que él se ha pintado.
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Es un magnífico orador, conoce el arte de no decir nada en una gran arenga