Y no creáis que los zapatos en la vida en el campo de concentración, sean un factor sin importancia. La muerte empieza por los zapatos: se han convertido, para la mayoría de nosotros, en auténticos instrumentos de tortura que, después de las largas horas
Frases célebres sobre: oso. [Página 126]
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En el odio nazi no hay racionalidad: es un odio que no está en nosotros, está afuera del hombre, es un fruto venenoso nacido del tronco funesto del fascismo pero está afuera y más allá del mismo fascismo.
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Habían cerrado las puertas enseguida pero el tren no se puso en marcha hasta por la tarde. Nos habíamos enterado con alivio de nuestro destino. Auschwitz: un nombre carente de cualquier significado entonces para nosotros pero que tenía que corresponder a
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En efecto, un país se considera tanto más desarrollado cuanto más sabias y eficientes son las leyes que impiden al miserable ser demasiado miserable y al poderoso ser demasiado poderoso.
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El hombre prudente sabe prevenir el mal, el hombre valeroso lo soporta sin quejarse.
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Es igualmente peligroso dar una espada a un loco que el poder a un depravado.
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El mayor mal del vino es que empieza por agarrarse a los pies: es un luchador habilidoso
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Ante todo, respetáos a vosotros mismos.
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Hay ocasiones en que es más ventajoso experimentar un quebranto que un lucro
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Cometer injusticia es más ignominioso que recibirla.
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Hasta que los filósofos se encarguen del gobierno o los que gobiernan se conviertan en filósofos, de modo que el gobierno y la filosofía estén unidos, no podrá ponerse fin a las miserias de los Estados.
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La filosofía es la ciencia de los hombres libres
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El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro placer y acompasarlo con el blanco deber para correr sin perder el equilibrio.
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Nadie dice que en envidioso.
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Las espléndidas fortunas, cual acontece con los vientos impetuosos, producen grandes naufragios
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Para la plebe, el mayor honor de parte de los más poderosos es el que no la desprecien.
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A vosotros políticos os hemos formado en interés del Estado tanto como en el propio vuestro, para que seáis en nuestra República nuestros jefes y vuestros reyes.
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Los hombres viven celosos de la inmortalidad.
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No son los ojos los que ven, sino que nosotros vemos por medio de los ojos
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Y resulta evidente que ningún arte ni gobierno dispone lo provechoso para sí mismo, sino que, como veníamos diciendo, lo dispone y ordena para el gobernado, mirando al bien de éste, que es el más débil, no al del más fuerte.