El demonio es como un perro rabioso atado a la cadena; no puede herir a nadie más allá de lo que le permite la cadena. Mantente, pues, lejos. Si te acercas demasiado, te atrapará
Frases célebres sobre: oso. [Página 128]
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Un envidioso jamás perdona el mérito
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El mentiroso siempre es pródigo en juramentos.
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Se va el tiempo, mi amiga... Mas no es cierto: somos nosotros ¡ay! Los que nos vamos. Ni de ti ni de mí quedará huella. Y cuando tú estés muerta y yo esté muerto, nada habrá de este amor de que hoy hablo ámame, entonces, mientras eres bella.
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El tiempo se va, el tiempo se va, señora, no el tiempo, sino nosotros nos vamos...
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Las ideas no tienen importancia alguna. Las ideas son el uniforme vistoso que se les pone a los sentimientos y a los instintos. Una costumbre indica mucho más el carácter de un pueblo que una idea.
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Soy un hombre curioso y que se aburre desde la más tierna infancia.
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La claridad en la ciencia es necesaria; pero en la literatura, no. Ver con claridad es filosofía. Ver claro en el misterio es literatura. Eso hicieron Shakespeare, Cervantes, Dickens, Dostoiewski...
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Realmente, no sé si con justicia o no, a mí no me admira el ingenio, porque se ve que hay muchos hombres ingeniosos en el mundo. Tampoco me asombra que haya gente con memoria, por grande y portentosa que sea, ni que haya calculadores; lo que más me asombr
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El mundo, para nosotros, es representación, como decía Schopenhauer; no es una realidad absoluta, sino un reflejo de ideas esenciales.
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La muerte es alguien que se retira de sí mismo y vuelve a nosotros. No hay más muertos que los llevados por los vivos.
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Un verdadero rey no es ni esposo ni padre; él cuida su trono y nada más.
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Mi pequeña palomita, mi pequeña, toda linda, perlita mía, besadme: con la boca toda llena de amor, quitadme la pena de mi amoroso cuidado.
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Lo vergonzoso es el crimen, no el cadalso
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Los lugares donde no se ha amado ni se ha sufrido, no dejan en nosotros ningún recuerdo.
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Nos quejamos porque creen ver en nosotros defectos que no existen y olvidamos que no ven una infinidad de defectos que realmente tenemos.
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El trabajo del arquitecto de hoy es crear hermosos edificios. Eso es todo.
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Entre tantas constituciones como la filosofía propone y la historia presenta ensayadas, no hay sino una que reúna las condiciones de justicia, orden, libertad y duración, sin las que no pueden subsistir ni la sociedad ni el individuo.
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Cuando la necesidad está de vuelta, olvide las bonitas sillas, los hoteles lujosos. Hay prioridades.
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Lo que conocemos es poca cosa, y lo que ignoramos, numeroso.