La ciencia no me interesa. Me parece presuntuosa, analítica y superficial. Ignora el sueño, el azar, la risa, el sentimiento y la contradicción, cosas todas que me son preciosas.
Frases célebres sobre: per. [Página 509]
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Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne; iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo. Aunque sólo sea una esperanza, porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.
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Unos cuerpos son como flores, otros como puñales, otros como cintas de agua; pero todos, temprano o tarde, serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden, convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.
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Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia, aunque siempre nos falte alguno; recoger la vida vacía y caminar esperando que lentamente se llene, si es posible otra vez, como antes, de sueños desconocidos y deseos invisibles.
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Si mis ojos se cierran es para hallarte en sueños detrás de la cabeza, detrás del mundo esclavizado, en ese país perdido que un día abandonamos sin saberlo.
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Cuanto más dinero entra, más inestable te sientes, porque tienes miedo de perderlo.
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Lo que el estilo es a la persona, la estructura es a la obra.
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En vos hallar esperan renovada su memoria y sus obras valerosas; y allá os muestran lugar, como acá ejemplo, que abre al mortal de eternidad el templo.
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Tomad las riendas del imperio vuestro y dad materia á nuevo y mayor canto: y empiecen á sentir el duro peso que por el mundo todo cause espanto de ejércitos y hazañas singulares, de África tierras y de oriente mares.
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El futuro es apasionante, las nuevas tecnología permiten escuchar miles de emisoras con una nitidez asombrosa
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La carrera del periodista es la más hermosa
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Yo no se que haría sin micrófono, estaría perdido, estaría en el desierto intentando cazar gamusinos
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Argos es siempre atento a su semblante, lince penetrador de lo que piensa, cíñalo bronce o mírelo diamante, que en sus paladiones amor ciego, sin romper muros introduce fuego.
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Serénense tus ojos, y más perlas no des, porque al sol le está mal lo que a la aurora bien.
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Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
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¿A qué piensas, barquilla, pobre ya cuna de mi edad primera, que cisne te conduzco a esta ribera? A cantar dulce, y a morirme luego. si te perdona el fuego que mis huesos vinculan, en su orilla, tumba te bese el mar, vuelta la quilla.
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Las flores a las personas ciertos ejemplos les den; que puede ser yermo hoy el que fue jardín ayer.
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Purpúreas rosas sobre Galatea el alba entre lirios cándidos deshoja; duda el amor cuál más su color sea, o púrpura nevada o nieve roja; de su frente la perla es eritrea, émula vana; el ciego dios se enoja, y, condenado su esplendor, la deja pender en oro
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Los periodistas deben criticar, pero no azotar a nadie.
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Recuerda que yo existo porque existe este libro, que puedo suicidarnos con romper una página.