Por fortuna, el hombre no es capaz más que de una cierta medida de infelicidad; pasada ésa, queda o anonadado o indiferente.
Frases célebres sobre: qued. [Página 55]
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Cuanto más desquiciada está la vida de la mente, más abandonada a sí misma queda la máquina de la materia.
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¿Y cómo huir cuándo no quedan islas para naufragar?
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La mujer es la única vasija que aún nos queda donde verter nuestro idealismo.
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Cuando más desquiciada está la vida de la mente, más abandonada a sí misma queda la máquina de la materia.
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Si la mañana no nos desvela para nuevas alegrías y, si por la noche no nos queda ninguna esperanza, ¿es que vales la pena vestirse y desnudarse?
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Si yo pudiera enumerar cuanto debo a mis grandes antecesores y contemporáneos, no me quedaría mucho en propiedad.
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A los que hemos resuelto amar, nos hagan lo que nos hagan, no nos queda sino amarlos aún más si estamos a punto de odiarlos.
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Lo importante no es lo que se busca, sino los hechos que se desencadenan a partir de la búsqueda.
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La cortesía es conducirse de modo que los demás queden satisfechos de nosotros y de ellos mismos.
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Quise ponerme de pie, pero estaba retenido en mi sitio, y en la imposibilidad de hacer ningún movimiento. Un frío glacial traspasó mis miembros; sentí el escalofrío de la fiebre: mis visiones se convirtieron en ensueños, y por último quedé dormido.
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Imágenes de suplicios se sucedían las unas a las otras. Quedé espantado. Haciendo un esfuerzo logré incorporarme. ¿Cómo encontrar palabras para expresar el horror que se apoderó de mí? Estaba acostado bajo la horca de Los Hermanos, y los cadáveres de los
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Lo que el hombre decide y ejecuta conscientemente no significa nada, mientras que lo que nosotros hacemos sin querer queda detrás de nosotros y nos persigue, o mejor dicho, nosotros corremos delante.
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Toda persona inteligente suele quedar como un imbécil cuando se halla rodeada de imbéciles.
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Los muertos, a falta de un lugar más confortable, se quedan en la cabeza de los seres queridos.
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Dios hizo el mundo en seis días. Hasta el momento nadie se ha podido explicar a qué venía tanta prisa. Así ha quedado como ha quedado.
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No podía sentirla en la oscuridad ni su voz podía rozar su oído. Esperó unos minutos, tratando de oír. No se oía nada: la noche era de un silencio perfecto. Escuchó de nuevo: perfectamente muda. Sintió que se había quedado solo.
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Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio arriba, más arriba, mucho más que las luces que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados. Queda también silencio entre nosotros, silencio y este beso igual que un largo túnel.
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Me di cuenta de que tenía que revolucionar; aprender cosas nuevas para no quedarme atrás. Me di cuenta y me rebelé.
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