La timidez es la desconfianza del amor propio, que deseando agradar teme no conseguirlo
Frases célebres sobre: radar. [Página 2]
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Un jugador de ajedrez es primordialmente un actor. Se sienta en el escenario preguntándose qué jugada le va a agradar más a la concurrencia.
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El arte de agradar es el arte de engañar.
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Lo que es dudoso o mediocre necesita del consenso para agradar a su autor; pero lo que es perfecto lleva en sí la convicción de su belleza, de su mérito.
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Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar
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Querer agradar a los demás es una trampa peligrosa.
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Palabras de amable reconvención no pueden menos de agradar al que escucha. Pero la meditación sobre ellas es lo que verdaderamente importa.
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Me gusta ver crecer las flores, pero cuando se cortan dejan de agradarme. Las considero entonces objetos desarraigados y perecederos; su semejanza con la vida me entristece. Jamás regalo flores a aquellos que amo; jamás deseo recibirlas de un ser querido.
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Si pretendes y te esfuerzas en agradar a todos, acabarás por no agradar a nadie.
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Naciste para ser feliz, no para agradar a todo el mundo
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Triste es llegar a una edad en que todas las mujeres agradan y no es posible agradar a ninguna.
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La capacidad de abyección supera la imaginación más exaltada. De todos los seres que pueblan la tierra, sólo el género humano puede degradarse a tal extremo.
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La finalidad del embustero consiste simplemente en agradar, deleitar, proporcionarnos un placer; es la base misma de la sociedad civilizada.
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Para agradar debes olvidarte de ti mismo
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Soy el hombre más sencillo que existe, pero cuando siento un grito en mí, no acepto transformarlo en una vocecilla para complacer a los mudos y a los tartamudos. Pues yo no deseo agradar a nadie, ni tener discípulo ni ser discípulo. He venido a este mundo
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Un sólo deseo me embarga: el de descubrir lo que se oculta tras lo visible, de horadar el misterio que me da la vida y me la quita, y de saber si una presencia invisible e inmutable se oculta más allá del flujo incesante del mundo.
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Quien ha dejado de agradar pierde el derecho de hacer reproches.
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La facultad de degradar las obras divinas es llamada por el hombre su imaginación
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Basta conocer la pasión dominante de una persona, para poder estar seguros de saber agradarle
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Anímese, querida. Algún día la besaré y a usted le agradará. Pero ahora no. Le ruego que no sea tan impaciente.