La justicia es reina y señora de todas las virtudes
Frases célebres sobre: señora. [Página 4]
Hay un total de 99 freses célebres sobre "señora" este sitio web. [Página 4]
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En primer lugar, señoras y señores, deben olvidar que son cantantes.
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Me encontraré a tú con tú con la muerte. No le tengo miedo; no le tengo miedo; le tengo respeto. Señora aquí estoy, cuando usted quiera
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En un restaurante, una hermosísima señora se acercó a mí y me susurró: ¿Chavela, cuándo nos acostamos? ¡Qué atrevida! Me encanta
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La coherencia, señora, es el principal de los deberes cristianos.
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Una señora encantadora, vestida con la luz de su propia belleza.
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Usted sabe..., lo mismo que yo, que las heridas del corazón no se curan. -Pero se tratan, señora, como dicen los facultivos.
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A la señora de enfrente
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Todo pasa, menos la adúltera. En los bares y en los velatorios, en la esquina y en las farmacias, hay siempre alguien hablando de las señoras que traicionan a sus maridos. El amor exitoso no interesa a nadie.
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Tú serás el cincel, noble señora, que labre el mármol del ingenio mío.
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Mi novia es Galicia, madre y señora
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Los galanes y los cortejos van a apostar con las señoras, y ofrecen una caja de guantes o un estuche de perfumes, en cambio de la pálida camelia que se marchita en los cabellos de la dama o del coqueto alfiler de oro que detiene los rizos en la nuca.
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No hay cosa más incierta que el número de años de las señoras que se dicen de cierta edad.
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Señora, he llegado de un país donde las personas son ahorcadss si hablan.
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Existe mucha gente a la que parece de mala educación decir delante de las señoras lo que hace con las señoras.
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-El hada me engañó, -decía - yo creía que mi hijo sería el más listo de todos los príncipes, puesto que yo deseé que triunfara en todo cuanto quisiera emprender. Fue a consultar al hada al respecto, y ésta le dijo: -Señora, deberías haber deseado para tu
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Señora Stockmann: ¿Y de que te sirve la razón si no tienes poder?
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Señora Stockmann: Tomás, tu hermano tiene el poder.
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Señoras mías, tenedlo bien advertido y recordadlo siempre: vuestro mayor enemigo es la misma piedad vuestra, la cual os hace cometer la mayor parte de vuestros despropósitos.
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Su espalda pierde su nombre con tanta gracia, que no puede uno más que darle la razón; ojalá fuera yo, señora, un poeta de raza, para decir en su honor una oda inmortal.