Lewis Carroll, que era hijo primogénito, tuvo un padre, una madre, dos hermanos y ocho hermanas. Aquella familia de trece personas me hace soñar. Admiro el vientre de la señora Dogson. Era algo muy distinto al de las madres de hoy, que siempre tienen al N
Frases célebres sobre: señora. [Página 3]
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Antiguamente, los reformatorios pretendían corregir a los niños indisciplinados. Hoy en día se les impone una psicoterapia. Castigo paciente que administran burguesas empalagosas, engreídas y perversas. Pero esas señoras no pegan: violan.
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Transcurrieron dos años, durante los cuales la discordia se introdujo en el matrimonio, y vino aquella situación, que hacía a la Marquesa víctima en la casa donde debía ser señora.
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Prefiero morir joven y ser una leyenda que morir como una señora mayor, casada y con hijos
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Señora de la hermosura y la belleza, como ves, me he pasado la vida detrás de ti. ¿Es que la recompensa del enamorado va a ser sólo este encuentro?
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FÍGARO- Ya que mis ojos os sirven de espejo, estudiad en ellos el efecto de lo que os predigo. Con sólo que hagáis ademán de acercados a la señora...
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El tiempo se va, el tiempo se va, señora, no el tiempo, sino nosotros nos vamos...
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...El señor también es esposo de la señora
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El mal que huyo y el bien que prometo, en ti, señora hermosa, divina, altiva, igual se esconde; y porque más no viva, contrario tengo el arte al deseado efecto
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¿Preguntadme el por qué de este quebranto? Responderlo no sé...Tal vez sería sólo porque os miré, dulce señora.
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Mirándonos, Señora, me confundo, pues todo el que contempla vuestro hechizo decir no puede vuestras gracias bellas.
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Desque una vez yo miré, señora, vuestra beldad, jamás por mi voluntad los ojos de vos quité. Pues sin vos placer no siente mi vida, ni lo desea, si no queréis que yo os vea, ¿Qué veré que me contente?
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Mi corazón me han robado; y Amor viendo mis enojos, me dijo: Fuete llevado por los más hermosos ojos que desque vivo he mirado. Gracias sobrenaturales te lo tienen en prisión. Y si Amor tiene razón, señora, por las señales, vos tenéis mi corazón.
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¿Creéis que hay gran diferencia entre un banquero de una mesa de juego robándoos en el Palais-Royal, o Matasiete pidiéndoos la bolsa en el bosque de Bolonia? Es lo mismo, señora; y la única distancia real que puede establecerse entre uno y otro, es que el
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Todas las cosas no son más que costumbre, señora, no hay nada a lo que uno no se habitúe, ¿no les gustaba a las damas romanas ver caer a los gladiadores a sus pies? ¿No llevaban ellas la ferocidad hasta querer que muriesen sólo en actitudes elegantes?
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La señora se arrodillara, diciendo su Ave María; Ella no cree, pero entre los católicos, incluso los escépticos son corteses.
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Se ve que no conoces a las mujeres, son capaces de todo, de lo mejor y de lo peor si les da por ahí, son muy señoras de despreciar una corona a cambio de ir al río a lavarle la túnica al amante o de arrasarlo todo y a todos para sentarse en un trono.
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Señor presidente del Gobierno, señoras y señores diputados... Bien. Han sido... Risas. Aplausos. Alguien grita: '¡Mariano, tonto!' No me refería a ninguno de ustedes, no sé por qué aplauden.
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¡No lloro ya!. la piedra funeraria para siempre cayó pesada y fría... ¡las losas de las tumbas nunca lloran, y una tumba es, señora, el alma mía!
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La razón es reina y señora de todas las cosas.