Cuando el corazón es bueno, todo puede corregirse.
Frases célebres de Johann Wolfgang von Goethe. [Página 4]
Johann Wolfgang von Goethe era un escritor, filósofo, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán. Autor de obras tales como "Fausto", "Werther", "Viaje a Italia"; y protagonista de las "Conversaciones con Goethe", de Eckermann, su secretario en sus
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Cuando he estado trabajando todo el día, un buen atardecer nos sale al encuentro.
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El amor es el único juego que pierdes, simplemente por rehusarte a jugarlo.
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El amor es una cosa ideal; el matrimonio, una cosa real; la confusión de lo real con lo ideal jamás queda impune.
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El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima menos de lo que vale.
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El verdadero hombre ama como a un verdadero hombre le corresponde. Dedica la mayor parte de su tiempo al trabajo, y al amor el tiempo que le sobra.
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En cualquier ser siento al hombre, al dios, al gusano, al loco, al humano eternamente parecido a mí.
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En mi opinión, los Evangelios son meticulosamente auténticos, pues en ellos se encuentra la reflexión eficaz de lo sublime que emana de la persona de Cristo; y eso es tan divino como lo más divino que ha aparecido en la Tierra.
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En un momento dado de la vida, morimos sin que nos entierren. Se ha cumplido nuestro destino. El mundo está lleno de gente muerta, aunque ella lo ignore.
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¿Quién es el hombre inútil? El que no sabe mandar ni obedecer.
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Si yo pinto mi perro exactamente como es, naturalmente tendré dos perros, pero no una obra de arte.
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Todo se soporta en la vida, con excepción de muchos días de continua felicidad.
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Un hombre de noble corazón irá muy lejos, guiado por la palabra gentil de una mujer.
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Un loco enamorado sería capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas, para recuperar a su amada.
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Podrían engendrarse hijos educados si lo estuvieran los padres.
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No hay espectáculo más terrible que la ignorancia en acción
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El suicidio sólo debe mirarse como una debilidad del hombre, porque indudablemente es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amargura.
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Sólo es feliz y grande aquel que para llegar a ser algo no necesita ni mandar ni obedecer.
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Es el hombre un ser tan tenazmente contradictorio que no acepta imposición alguna en su provecho, y sí sufre cualquier coacción en su perjuicio.
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Alegría y amor son las alas para las grandes promesas.