La prudencia es la fuerza de los débiles.
Frases célebres de Joseph Joubert. [Página 4]
Joseph Joubert . Moralista francés
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Toda nuestra vida la empleamos en ocuparnos de los demás; una mitad para amarlos y la otra mitad para hablar mal de ellos.
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Todo se aprende, hasta la virtud.
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Tres condiciones son necesarias para hacer un buen libro: el talento, el arte y el oficio. Es decir: la naturaleza, la factura y la costumbre.
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A los antiguos hay que leerlos despacio; necesitamos mucha paciencia, es decir, mucha atención para obtener placer cuando recorremos esas obras.
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Cuando uno escribe debe decir sólo lo que aquellos a quienes uno se dirige quieren saber. No es a la satisfacción del propio espíritu a lo que uno debe aspirar en esta correspondencia, sino a la satisfacción del espíritu del otro.
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En metafísica, imaginar bien es ver bien; incluso en física, si no se imagina sólo se ve a medias; quien no sabe imaginar, no muestra nada con claridad y nada da a conocer. La esencia y el ser de la materia misma son por entero intelectuales.
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El verdadero poeta tiene palabras que muestran sus pensamientos, pensamientos que dejan ver su alma, y un alma en la que todo se pinta de manera distinta. Su espíritu está colmado de imágenes muy claras, mientras que el nuestro sólo está lleno de señales
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Hay versos que, por su carácter, parecen formar parte del reino mineral; son dúctiles y resplandecientes. Otros, pertenecen al reino vegetal; tienen savia. Los últimos, finalmente, pertenecen al reino animal; tienen vida. Los más bellos son los que tienen
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Al educar a un niño se debe pensar en su vejez.
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Antes de utilizar una bella palabra, hacedle sitio.
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El que tiene imaginación sin erudición, tiene alas y no tiene pies.
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Cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil.
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El fin de las disputas y polémicas no debe ser la victoria, sino el perfeccionamiento.
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La cortesía es la flor de la humanidad. El que no es bastante cortés, no es suficientemente humano.
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Las mujeres creen inocente todo cuando pretenden.
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El objeto de toda discusión no debe ser el triunfo, sino el progreso.
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La ternura es la pasión del reposo
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No hay que escoger por esposa más que a la mujer que se elegiría por amigo si fuese un hombre
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La superstición es la única religión de que son capaces los espíritus degenerados