Profunda admiración y respeto por lo que encuentro de auténtico en una persona.
Frases célebres de Mariano Azuela.
Mariano Azuela González . Médico de profesión, destacó como crítico literario y escritor mexicano.
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La revolución beneficia al pobre, al ignorante, al que toda su vida ha sido esclavo, a los infelices que ni siquiera saben que si lo son es porque el rico convierte en oro las lágrimas, el sudor y la sangre de los pobres.
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- ¿Por qué pelean ya, Demetrio?
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Los tiempos son malos y hay que aprovechar, porque si hay días que nada el pato, hay días que ni agua bebe.
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El tema del yo robé, aunque parece inagotable, se va extinguiendo cuando en cada banca aparecen tendidos de naipes, que atraen a jefes y oficiales como la luz a los mosquitos.
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¡Amo la revolución como amo al volcán que irrumpe! ¡Al volcán porque es volcán; a la revolución porque es revolución! Pero las piedras que quedan arriba o abajo, después del cataclismo, ¿Qué me importan a mí?
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El puedo asciende a su conocimiento y, desde ese mismo instante se centuplica.
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Pero a miseria y ruindad de estas gentes constituye propiamente su razón de vivir.
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El paisaje se aclara, el sol asoma en una faja escarlata sobre la diafanidad del cielo.
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Yo he querido pelear por la causa santa de los desventurados... Pero ustedes no me entienden... Ustedes me rechazan... ¡Hagan conmigo, pues, lo que gusten!
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¡Robar a los ricos para hacer ricos a los pobres! Y los pobres le forjan una leyenda que el tiempo se encargará de embellecer para que viva de generación en generación.
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Y al pie de una resquebrajadura enorme y suntuosa, como pórtico de vieja catedral, Demetrio Macías, con los ojos fijos para siempre, sigue apuntando con el cañón de su fusil.
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Creí que ustedes aceptarían con gusto al que viene a ofrecerles ayuda, pobre ayuda la mía, pero que sólo a ustedes mismos beneficia... ¿Yo qué me gano con que la revolución triunfe o no?
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En mis novelas exhibo virtudes y lacras sin paliativos ni exaltaciones, y sin otra intención que la de dar con mayor fidelidad posible una imagen fiel de nuestro pueblo y de lo que somos.
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Me preguntará por que sigo entonces en la revolución. La revolución es el huracán, y el hombre que se entrega a ella ya no es el hombre, es la miserable hoja seca arrebatada por el vendaval.
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Los serranos le dijo con énfasis y solemnidad son carne de nuestra carne y huesos de nuestros huesos...Os ex osibus meis et caro de carne mea... Los serranos están hechos de nuestra madera... De esta madera firme con la que se fabrican los héroes.
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¡Qué chasco, amigo mío, si los que venimos a ofrecer todo nuestro entusiasmo, nuestra misma vida por derribar a un miserable asesino, resultásemos los obreros de un enorme pedestal donde pudieran levantarse cien o doscientos mil monstruos de la misma espe