A veces, Dios ayuda. Ayuda a mucha gente que lo reconoce así. Los evangelios de Cristo son estimulantes a este respecto. Cuando murió mi mujer, Dios me ayudó, sin duda. Tuve esta sensación durante varios años, hasta que logré salir del pozo.
Frases célebres sobre: ces. [Página 183]
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Ella era equilibrada, distinta; exactamente el renuevo que mi sangre necesitaba.
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Toro en la primavera más toro que otras veces, en España más toro, toro, que en otras partes. Más cálido que nunca, más volcánico, toro, que irradias, que iluminas al fuego, yérguete
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Muchas veces nos pesa la sinceridad de sopetón y explosiva
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Un hombre prudente no pone todos sus huevos en el mismo cesto.
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La necesidad, según se dice, es maestra en utilizar el ingenio
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¿Cuántas veces de un error siempre se empieza?
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Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas, cicatrices y heridas, señales y recuerdos del hambre, contra tantas barrigas satisfechas: cerdos con un origen peor que el de los cerdos
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Mi familia y amigos se desviven por atenderme, me abastecen de la compañía que necesito. ¿Puedo quejarme yo de soledad?
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Yo escribía para ella. Y cuando faltó su juicio, me faltó la referencia. Dejé de hacerlo, dejé de escribir, y esta situación duró años. En ese tiempo pensé a veces que todo se había terminado
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A mí Madrid me da miedo, porque si Valladolid me parece ya un enorme aparcamiento, Madrid me parece cinco veces ese aparcamiento
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Era todo cariño, tan lejos del rencor, que a veces no recordaba por qué se había atado el hilo en el dedo
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Los satisfechos, los felices, no aman; se duermen en la costumbre.
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La filosofía responde a la necesidad de hacernos una concepción unitaria y total del mundo y de la vida.
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La vida no es sueño. El más vigoroso tacto espiritual es la necesidad de persistencia en una forma u otra. El anhelo de extenderse en tiempo y en espacio.
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No hay más que un modo de dar una vez en el clavo, y es dar cientos de veces en la herradura.
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El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura.
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La belleza del cuerpo muchas veces es indicio de la hermosura del alma.
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No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos. Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento.
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Necesito confiar, ya no quiero pasar noches sin sueños. Necesito un lugar, nada, nada especial y entonces yo, yo me dejaré tomar.