Un verdadero marido siempre es desconfiado
Frases célebres sobre: mar. [Página 185]
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Apenas son suficientes mil años para formar un Estado; pero puede bastar una hora para reducirlo a polvo.
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El niño tiene cien lenguajes, cien manos, cien pensamientos, cien formas de pensar, de jugar y de hablar, cien siempre cien formas de escuchar, de sorprender, de amar, cien alegrías para cantar y entender.
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Trabajar con los niños quiere decir tener que hacer las cuentas con poca certeza y muchas incertidumbres. Lo que nos salva es buscar y no perder el lenguaje de la maravilla que perdura, en cambio, en los ojos y en la mente de los niños.
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En tu espada de hierro vivo y como mariposa de tu hechizo palpitante al fuego vuelo.
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En tus manos soy mar incontenible, horizontales anhelos, hembra previsible ante la presencia de innumerables goces.
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Ahora que nos amamos... Fuego somos donde mariposas se suicidan.
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La vida está llena de riesgos de todos modos, ¿Porqué no tomarlos entonces?
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Otras veces perdemos la ilusión por todo, pero de todo se cura, sabemos que la amargura existe y pasa factura
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Es muy simple; cuando uno quiere a una persona puede llamarla por cualquier nombre, que siempre tiene un sentido cariñoso.
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La moda, nacida para uniformar, consigue que cada cual de quienes la siguen crea que así se diferencia del resto.
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Rappers en sus barrios, saben superar plusmarcas, saben ganar con las malas cartas
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La multitud, como el mar, es por sí misma inmóvil, es tranquila o por celosa, según sean los vientos o las auras que las conmuevan
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Si conocieras el tiempo tan bien como lo conozco yo -dijo el Sombrerero-, no hablarías de derrocharlo como una cosa. El tiempo es una persona. De Alicia en el país de las maravillas..
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La primavera es el despertar de la tierra. Los vientos de marzo son el bostezo de la mañana
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El cielo es alto, la tierra ancha. Amarga entre ellas vuela mi pena.
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Los pueblos rebeldes caminan hacia la libertad; los pueblos sumisos marchan hacia la esclavitud
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Llamar a la puerta serviría de algo - siguió el lacayo sin escucharla -, si tuviéramos la puerta entre nosotros dos. Por ejemplo, si tú estuvieras dentro, podrías llamar, y yo podría abrir para que salieras, sabes.
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Como recuerdo en vez de la existencia, estábamos los dos o desdoblábamos los dos el gesto puro de caricia, también la nitidez del habla en un recodo marginal o cielo raso que caía como granizo.
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Las decisiones, en particular las importantes, siempre me han dado sueño, tal vez porque sé que tendré que tomarlas por instinto, cuando lo que otras personas me dicen que debo hacer es resolverlas pensando.