Unas veces conviene mirar primero por los demás, y otras veces es preferible cuidar primero de mí mismo. Lo bueno del asunto es que la manera de cuidar de mí mismo suele servir también para otros. Y hacer caso de los demás es una manera de hacerme caso a
Frases célebres sobre: mir. [Página 106]
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El pensamiento es donde las palabras deben dormir mucho tiempo, con el fin de nacer nuevas y puras.
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Nombrar el objeto es suprimir el mayor placer del poema, que es la felicidad de conjeturar poco a poco.
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Nos internamos en el cosmos preparados para todo, es decir para la soledad, la lucha, la fatiga y la muerte. Evitamos decirlo, por pudor, pero en algunos momentos pensamos muy bien de nosotros mismos. Y sin embargo, bien mirado, nuestro fervor es puro cam
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La firmeza de la mujer que resiste su amor es la cosa más admirable que pueda darse en la tierra.
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Toda ciencia viene del dolor. El dolor busca siempre la causa de las cosas, mientras que el bienestar se inclina a estar quieto y a no volver la mirada atrás.
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El destino me ha condenado con una mirada insobornable, una mirada dura, pero un corazón frágil.
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Cuando té pasa algo traumático en tu vida, puedes tomar uno de dos caminos: Puedes deprimirte, o puedes decir, No me importa. Haré lo que quiero hacer.
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Mil ojos mirando hacia mi, de los tuyos no puedo huir. Tu mirada me tiene encantada. Si te dejo entrar, estaré equivocada.
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Cuando tu mirar se pierde en mi boca, excita mil emociones, como me alborota.
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La buena conciencia es la mejor almohada para dormir.
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Ella lo miró. No hagas caso, cariño. Sólo ven conmigo, haz lo que yo te diga y no te pasará nada.
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El futuro está ahí se oye decir Cayce, mirando atrás, hacia nosotros. Intentando dar sentido a la ficción en la que nos habremos convertido. Y, desde donde están, el pasado que tenemos detrás no se parecerá en nada al pasado que imaginamos ahora detrás
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Y, por un instante, ella miró aquellos dulces ojos azules, y supo, con una instintiva certeza animal, que los desmesuradamente ricos ya no tenían nada de humanos.
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Su rostro era agradable y majestuoso; pero cuando se encolerizaba uno de sus ojos se hacía tan terrible que su mirada resultaba intolerable: el desgraciado sobre quien la fijaba caía de espaldas y, a veces, incluso expiraba en aquel mismo instante.
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Juro por la burra de Balaam que, si sigue callando, haré que se arrepienta de su obstinación. Y diciendo estas palabras, el Califa no pudo evitar lanzar sobre el desconocido una de sus peligrosas miradas; éste ni se inmutó: el ojo asesino no le produjo el
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El vino entra en la boca Y el amor entra en los ojos; esto es todo lo que en verdad conocemos antes de envejecer y morir. Así llevo el vaso a mi boca, y te miro, y suspiro.
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Ella piensa, en parte mujer, tres parte niña, que nadie la mira; sus pies ensayan un paso de baile aprendido en la calle.
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Y cuando tú suspiras entre besos, escucho la blanca Belleza también suspirando por aquella hora cuando todo deberá consumirse cual rocío.
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Mirad, mirad bien el camino de la droga antes de viajar por él y liaros con las malas compañías.