No es de extrañar que troyanos y griegos empuñen las armas por la princesa Helena, que respira el aire del alto Olimpo. Siéntate, niña querida; esta guerra no es tuya, sino de los Inmortales.
Frases célebres sobre: mortale. [Página 3]
Hay un total de 118 freses célebres sobre "mortale" este sitio web. [Página 3]
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¿Qué mayor dolor puede haber para los mortales que ver muertos a sus hijos?
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Así como nuestro cuerpo es mortal, las iras no deben ser inmortales. Así hablan los sabios.
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Las reglas del juego establecen que los hombres son mortales pero las corporaciones gigantes son sagradas hasta la eternidad.
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Cantemos al linaje de aquella que nació de la espuma de las olas; Cantemos al real e inmenso origen de donde partieron, alados, los inmortales deseos.
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La teología, que tiene por virtud ser absurda, y que cree en las cosas precisamente porque son absurdas, ha puesto por encima de las almas humanas inmortales y por consecuencia infinitas la infinitud superior, absoluta de dios.
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El considerar la existencia de muchos hombres igualmente inmortales, es decir, igualmente infinitos, y por encima de ellos un dios todavía más inmortal y más infinito es una incongruencia.
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Veía más allá que el común de los mortales; tenía el ojo enseñado a mirar.
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¡Son tantos los mortales que no pueden digerir la felicidad! La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta
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La buena música y las grandes melodías son inmortales. La cultura cambia, la moda cambia, la ropa...La buena música es inmortal.
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El universo se renueva siempre, y se prestan la vida los mortales; crecen unas especies y se acaban: y en poco tiempo las generaciones se mudan y la antorcha de la vida cual ágiles cursores se transmiten.
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A los dioses, según dice una vieja superstición, no les gusta ver mortales demasiado felices. Lo que sí es seguro es que a algunos seres humanos no les gusta.
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Los mortales habitan en la medida en que reciben el cielo como cielo; en la medida en que dejan al sol y a la luna seguir su viaje, a las estrellas su ruta, a las estaciones del año su bendición y su injuria; en la medida en que no convierten la noche en
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La vida no regala nada a los mortales, sin un gran esfuerzo
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Todos somos mortales. Nosotros y nuestras obras
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No hay nada inaccesible a los mortales.
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Levantado el muro contra la voluntad de los inmortales dioses, no debía subsistir largo tiempo.
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Míseros mortales que, semejantes a las hojas, ya se hallan florecientes y vigorosos comiendo los frutos de la tierra, ya se quedan exánimes y mueren.
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Los excelsos regalos de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales hombres, ni ceder a sus fuerzas.
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Las almas inmortales, hechas a bien tamaño, ¿podrán vivir de sombra y de engaño?