La fe es como el amor: no puede ser impuesta por la fuerza.
Frases célebres de Arthur Schopenhauer. [Página 3]
Arthur Schopenhauer fue un filósofo alemán.
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La causa de la risa no es otra cosa que la súbita percepción de la ignorancia entre un concepto y el objeto real.
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El intelecto es invisible para el que no lo tiene.
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En las iglesias protestantes el objeto que más salta a la vista es el púlpito; en las católicas, el altar. Es un símbolo de que el protestantismo se dirige primariamente a la intelección: el catolicismo, a la fe.
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No hay mayor goce espiritual que la lectura de los antiguos clásicos: su lectura, aunque de una media hora, nos purifica, recrea, refresca, eleva y fortalece, como si se hubiese bebido en una fresca fuente que mana entre rocas.
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A la filosofía nada mejor podría ocurrirle que esto: que se suprimieran todas las cátedras universitarias de filosofía. Con ello se eliminarían el mayor de todos los inconvenientes, a saber: que quienes buscan la verdad colisionen con quienes sólo buscan
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El desear la inmortalidad para el individuo es realmente lo mismo que desear perpetuar un error por siempre; porque en el fondo cada individualidad es realmente sólo un error especial, un paso falso, algo que mejor no sería, de hecho, algo de lo cual el p
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Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta el infinito
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Hay solamente un error congénito y es la noción de que existimos para ser felices
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La felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos, porque todas las fuentes externas de felicidad y de goce son, según su especie, inseguras, defectuosas, pasajeras y sometidas a la casualidad.
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La razón es de naturaleza femenina: sólo puede dar a luz después de haber sido preñada
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Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de la oscuridad para brillar
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Los hombres vulgares han inventado la vida de sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos
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Ningún dinero está más ventajosamente empleado que el que nos estafan: pues lo cambiamos directamente por prudencia
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Muchas veces las cosas no se le dan al que las merece más, sino al que sabe pedirlas con insistencia
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Con ciertas personas vale más ser traicionado que desconfiar.
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El destino mezcla las cartas, y nosotros las jugamos.
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El hombre es en el fondo un animal terrible y cruel. Lo conocemos como ha sido domesticado y educado por lo que conocemos como civilización.
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Aunque el mundo contiene muchas cosas decididamente malas, la peor de todas ellas es la sociedad.
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En la vejez se aprende mejor a esconder los fracasos; en la juventud, a soportarlos.