En las desgracias hay que acordarse del estado de conformidad con que miramos las ajenas.
Frases célebres sobre: ajena. [Página 5]
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Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas; las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas.
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Los músicos no leen música ajena más que cuando se disponen a escribir música propia
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Convivencia es, ante todo, compartir, participar en la vida ajena y hacer participar al otro en la propia.
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La generosidad disfruta de las felicidades ajenas, como si fuera responsable de ellas.
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Nadie a la libertad tiene derecho, cuando no hace hábito y gala de respetar la libertad ajena.
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Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad
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Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas.
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La pobreza ajena me basta para sentirme pobre; la mía no me basta.
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Juzgarnos o corregirnos supone aplicar la medida ajena al paño propio.
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El hombre sólo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía;y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón.
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Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena.
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En mi propia casa como en la ajena, he creído sentir que la poesía, al penetrar en la palabra, la descompone, la abre como un capullo a todos los matices de significación.
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Escribo: doy la mitad del poema. Poesía no es signos negros en la página blanca. Llamo poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena. El lector, la lectora harán o no el poema que tan sólo he esbozado.
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Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?
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La vida será tuya si sabes que es ajena, que es igual ser montaña que ser grano de arena, pues la calma del justo vence el furor del bravo.
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Te quiero así inocente, toda ajena, palpitante en lo que está fuera de ti, tus ojos proclamando las vívidas verdades de colores de la noche.
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En todas las cosas debe el hombre confiar más en su propia actividad que en la ajena
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La invasión cultural, indiscutiblemente enajenante, realizada discreta o abiertamente, es siempre una violencia en cuanto violenta al ser de la cultura invadida, que o se ve amenazada o definitivamente pierde su originalidad.
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¡Ah! ¡Cosa terrible es sentir como propia la ajena culpa!