¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mías?
Frases célebres sobre: ajenas. [Página 2]
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Al que se ve colmado de conveniencias, las ajenas desgracias poco le inquietan; porque es muy cierto que el harto no se acuerda del que está hambriento.
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La falta de curiosidad o inapetencia por las culturas ajenas es, a mi entender, un índice de decadencia y pasividad, porque la cultura afectada por este síndrome se convierte en mero objeto de contemplación.
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Disimula las faltas ajenas y nunca te burles de nadie
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Entre tormentas ajenas, te das y te recibes a ti mismo.
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Se sienten menos necesidades cuanto más se sienten las ajenas
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Hay una inconstancia que proviene de la ligereza del espíritu o de su debilidad, que le hace acoger todas las opiniones ajenas, y hay otra, más excusable, que proviene del hastío de las cosas.
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Todos tenemos la fortaleza suficiente para soportar las desgracias ajenas.
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Nada necesita tanto una reforma como las costumbres ajenas.
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En las desgracias hay que acordarse del estado de conformidad con que miramos las ajenas.
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Las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, nada puede detenerlas, ni obstaculizarlas; las que no dependen de nosotros son débiles, esclavas, dependientes, sujetas a mil obstáculos y a mil inconvenientes, y enteramente ajenas.
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La generosidad disfruta de las felicidades ajenas, como si fuera responsable de ellas.
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Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas.
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Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?
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Un entrenador qué debería hacer, ¿habilitar los entrenamientos o hacerlos privados? La respuesta es obvia: hacerlos privados. Si uno los hace privados, sabe que lastima profesiones ajenas pero protege la propia.
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Las desgracias ajenas pueden incluso desarrollar nuestras lágrimas, pero en el fondo ayudan a soportar el infortunio que todo el mundo arrastra, y aunque la castástrofe de otros despierta nuestra compasión, también nos provoca una secreta alegría morbosa
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¿Y quién es el primero? Yo creo que aquél cuyo ingenio controla al de los demás y por su carácter y destreza transforma las fuerzas y pasiones ajenas en artífices de sus deseos.
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No es muy dificil atacar las opiniones ajenas, pero sí el sustentar las propias: porque la razón humana es tan débil para edificar, como formidable ariete para destruir.
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Airarse es vengar las faltas ajenas en nosotros mismos
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Como has cometido la imprudencia de confiar a personas ajenas este asunto, que era un secreto exclusivo de la dirección, ya no es posible ocultarlo. Circularán toda clase de rumores que las malas lenguas de la población se encargarán de alimentar y abulta